QUIEN SOY
En el año 2005, cuando aun vivía en Chicago con mi esposa tuvimos la bendición de recibir un curso sobre el Espiritu Santo en el apartamento de una hermana en Cristo. El curso nos fue dictado por Nancy Rivera, una amiga a quien siempre recordaremos con amor. Por medio de esas clases Dios pudo grabar en nuestros corazones lo que significa el Espíritu Santo, Su enorme poder, Su extraordinaria personalidad, Su explosiva y amorosa presencia en nosotros. Allí aprendimos a pedir a Jesús, con desesperación, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, hasta recibirlo, por su misericordia.
Nancy también nos enseñó que para todos los cristianos lo primero debe ser aprender cuál es nuestra posición en Cristo, pues ello es más importante que muchísimas otras cosas para nuestra formación y nuestro crecimiento. Nos contó su experiencia personal, nos dio su testimonio y nos enseñó a confesar la Palabra de Dios en primera persona. Nos regaló un escrito de algunas páginas sobre lo que dice la Biblía acerca de esa nueva identidad nuestra en Cristo Jesús. Casi todas las confesiones empezaban por la expresión “Yo soy” lo que nos hizo comprender que realmente lo que está escrito en ese Libro hermoso y único de la Bilbia no es solamente la Voluntad de Dios en abstracto sino Su querer para nuestras propias vidas. Sus promesas, no solamente en general para todos los seres vivientes que creemos y confiamos en El, sino sus promesas para mí personalmente, para mi matrimonio, para mi familia, para mi esposa, para mi…..
Eso nos impactó mucho y ahí nació mi idea de escribir este libro en el que (aunque inconcluso aun), basado exclusivamente en la Palabra del Dios Altísimo, consigno las declaraciones acerca de lo que realmente soy y de lo que usted, apreciado lector, es tambiém. Antes de todo esto vivíamos creyendo que estar en Cristo, que ser en Cristo, que ser destinatario de Su Amor eterno era una consecuencia de los que hacíamos. Ahora, mi esposa y yo, después de esas formidables enseñanazas, por fin somos concientes de lo que somos en Cristo y de cómo esta es la causa de lo que hacemos, alcontrario de lo que creíamos antes.
Através de esas lecciones sobre el Espíritu de Verdad, nuestro Bondadoso Padre también nos preparó a María y a mí para volver a nuestro país. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos” (Mateo 5, 14 a 16), fue el versículo que oímos claramente de Su boca, el cual nos ayudó a hacer tranquilamente maletas para abandonar el sueño americano y venir a esta tierra a la cual amamos y en la cual Él nos usa para impactar a muchos.
De gracia recibimos, ahora de gracia damos.
Diciembre 2007
CARLOS MAURICIO IRIARTE
QUIEN SOY
(Todas las citas son tomadas de la Biblia Nueva versión Internacional)
¡Yo soy fuerte y valiente! ¡No tengo miedo ni me desanimo! Porque el Señor mi Dios me acompañará dondequiera que yo vaya.” (Josue 1, 9)
Tengo mucho valor y firmeza para obedecer toda la Palabra de Dios. No me aparto de ella para nada; así tengo éxito dondequiera que vaya. (Josué 1, 7)
Recito siempre la Palabra de Dios y medita en ella de día y de noche; cumplo con cuidado todo lo que en ella está escrito. Así prospero y tengo éxito. (Josué 1, ![]()
El Espíritu Santo ha venido sobre mí, recibí poder y soy testigo de Jesús tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hech 1,8)
Soy lleno del Espíritu Santo y habl en diferentes lenguas, según el Espíritu me concede expresarme. (He 2,4)
Me he arrepentido y bautízado en el nombre de Jesucristo para perdón de mis pecados, y he recibido el don del Espíritu Santo. (Hech 2, 38)
Me mantengo firme en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. (Hech 2, 42)
Yo soy heredero de los Profetas y del pacto que Dios estableció con Abraham. (Hech 3,25)
Soy heredero de Abraham y por medio de mi son bendecidos todos los pueblos del mundo. (Hech 3,25)
El Señor me ha concedido el proclamar Su Palabra sin temor alguno y ha extendido Su mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de Su Santo Siervo Jesús. (Hech 4, 29 y 30)
No considero mia ninguna de mis posesiones, sino que las comparto. (Hech 4,32)
Obedezco a Dios ante que a los hombres (Hech 5, 29)
Me lleno de gozo cuando soy considerado digno de sufrir afrentas por causa del Nombre. (Hech 5, 41)
Día tras día, en el templo y de casa en casa, no dejo de enseñar y anunciar las buenas nuevas de que Jesús es el Mesías. (Hech 5, 42)
Ando por todas partes en mi ciudad, hablando abiertamente en el nombre del Señor. (Hech 9,28)
Disfruto de paz pues vivo en el temor del Señor (Hech 9, 30)
Visito paralíticos y declaro ante ellos que Jesucristo les sana y ellos son sanos. (Hech 9,32)
Dios me ha ungido con el Espíritu Santo y con poder, y ando haciendo el bien y sanando a todos los que están oprimidos por el diablo, porque Dios está conmigo. (Hech 10, 38)
El poder del Señor esta conmigo, y un gran número cree y se convierte al Señor cuando les comparto el evangelio. (Hech 11, 21)
Soy puesto por luz para las naciones, a fin de que sea medio de salvación hasta los confines de la tierra. (Hech 13, 47)
Soy uno de los destinados a la vida eterna. (Hech 13, 48)
Vivo lleno de alegría y del Espíritu Santo. (Hech 13, 52)
Donde me encuentro, paso bastante tiempo hablando valientemente en el nombre del Señor, quien confirma el mensaje de su gracia, haciendo señales y prodigios por medio de mi. (Hech 14, 3)
Vuelvo a visitar y/o estoy muy pendiente de los creyentes en todas las partes en donde he anunciado la palabra del Señor, y sé cómo están. (Hech 15, 36)
Creo en el Señor Jesús; así yo y mi familia serán salvos. (Hech 16, 31)
No tengo miedo; sigo hablando de Jesús y no me callo, pues Dios está conmigo. Aunque me ataquen, El no va a dejar que nadie me haga daño, porque Dios siempre tiene mucha gente en la ciudad. (Hech 18, 10)
Cumplo los votos que hago en el nombre de Jesús (Hech 18, 18)
Siempre animi a todos los discípulos de Dios (Hech 18, 23)
Soy un hombre ilustrado y convincente en el uso de las Escrituras (Hech 18, 24)
Con gran fervor hablo y enseño con la mayor exactitud acerca de Jesús (Hech 18, 25)
Dios hace milagros por medio de mí (Hech 19,11)
He servido al Señor con toda humildad y con lágrimas, a pesar de haber sido sometido a duras pruebas. (Hech 20, 19)
No vacilo en predicar nada que les sea de provecho a los demás, sino que les he enseñado públicamente y en sus casas. (Hech 20, 20)
Insto a todo el mundo a creer en nuestro Señor (Hech 20, 21)
Considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (Hech 20, 24)
Tengo cuidado de mí mismo y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo me ha puesto como obispo para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. (Hech 20, 28)
Me encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarme y darme herencia entre todos los santificados. (Hech 20, 32)
No codicio ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. (Hech 20, 33)
Con mi ejemplo muestro a mis hermanos que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: ‘Hay más dicha en dar que en recibir.’ (Hech 20, 35)
Hasta hoy yo he actuado delante de Dios con toda buena conciencia. (Hech 23,1)
He puesto mi esperanza en la resurrección de los muertos. (Hech 23, 6)
Dios me ha ayudado hasta hoy, y así me mantengo firme, testificando a grandes y pequeños. (Hech 26, 22)
Sea por poco o por mucho, le pido a Dios que todos los que me escuchan, lleguen a ser como yo. (Hech 26, 29)
Dios está conmigo y en la más feroz tempestad si acaso ¡se perderá el barco pero no mi vida! (Hech 27, 22)
Recibo a todos los que vienen a verme y predico el reino de Dios y enseño acerca del Señor Jesucristo sin impedimento y sin temor alguno. (Hech 28, 31)
Por medio de Cristo Jesus he recibido el don apostólico para persuadir a todas las naciones que obedezcan a la fé. (Romanos 1, 5)
Soy justo y vivo por la fe (Romanos 1, 17)
Soy perseverante en hacer lo bueno, buscando gloria, honor e inmortalidad, recibiendo de Dios vida eterna. (Roman 2, 7)
No me averguenzo de la Esperanza porque el Amor de Dios ha sido derramado en mi corazón por el Espíritu que me fue dado. (Romanos 5, 5)
Soy libre del pecado y siervo de la Justicia. (Roman 6, 18)
Soy muerto a la Ley por medio del Cuerpo de Cristo y unido a EL a fin de llevar fruto para Dios. (Roman 7, 4)
Estoy en Cristo Jesus, ando conforme al Espíritu y no conforme a la carne y NO hay condenación para mi! (Roman 8, 1)
Soy hijo de Dios, guiado por su Espíritu, por tanto heredero de Dios y coheredero de Cristo Jesus. (Romanos 8, 14 y 8, 17)
Yo amo a Dios y todas las cosas me vienen a Bien. (Roman 8, 28)
Fuí conocido de antemano por Dios y predestinado a ser hecho conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito de mis hermanos. Fuí por ello predestinado, llamado, justificado y glorificado por El. (Romanos 8, 29 a 30)
Dios está por mi, ¿quién contra mí? ¿Quién me acusará a mi como escogido por Dios si El mismo es el que justifica?(Romanos 8, 31 a 33)
Soy amado por Cristo Jesus y ni la Tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada, ni nada ni nadie puede separarme de su amor! (Romanos 8, 35)
En todas las cosas soy más que vencedor, por medio de aquel que me amó. (Roman 8,379
Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor mio. (Romanos 8, 38 a 39)
Soy Hijo de la promesa y considerado descendiente de Abraham (Romanos 9, ![]()
Soy uno al que Dios da misericordia y de quien EL se compadece (Roman 9, 15)
Confieso con mi boca a Jesús como Señor y Salvador y creo en mi corazón que Dios le resucitó de entre los muertos (Romanos 10, 9)
Creo en Jesus y nunca seré avergonzado (Roman 10, 11)
No soy altanero sino que temo! (Roman 11,20)
Presento mi cuerpo como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios que es mi culto racional (Romanos 12, 1)
No me adapto a este mundo sino que me transformo mediante la renovación de mi mente y verifico cual es la voluntad de Dios, esto es lo que es bueno, aceptable y perfecto. (Roman 12, 2)
No pienso más alto de mí mismo que lo que debo pensar sino que pienso con buen juicio, según la medida de la fe que Dios me ha dado. (Roman 12, 3)
Uso los dones que me han sido dados por gracia de Dios: El don de profecía lo uso en proporción de mi fe, el de servicio en servir, el de enseñanza enseñando, el de exhortación exhortando, el de dar con liberalidad, el de dirigir con diligencia, el de misericordia con alegría, el de amor sin hipocresía, aborreciendo lo malo y dedicándome a lo bueno. (Roman 12, 5:9)
Soy afectuoso con los otros con amor fraternal; con honra, doy preferencia a los otros; no soy perezoso en lo que requiere diligencia. Soy ferviente en espíritu, sirviendo al Señor, gozándome en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicado a la oración, contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad. (Romanos 12, 10:13)
Bendigo a los que me persiguen; bendigo y no maldigo (Romanos 12, 14)
Me gozo con los que se gozan y lloro con los que lloran (Roman 12, 15)
Vivo en armonía con los otros. No soy orgulloso sino que me pongo en el lugar de los humildes. No me presumo de sabio. (Romanos 12, 16)
No pago a nadie mal por mal y procuro hacer lo bueno delante de todos. (Roman 12, 17)
Hasta donde depende de mi, hago cuanto puedo por vivr en paz con todos. (Roman 12, 18)
No Tomo venganza por mí mismo sino que dejo que Dios sea quien castigue. (Roman 12, 19)
Si mi enemigo tiene hambre, le doy de comer; y si tiene sed, le doy de beber; así hago que le arda la cara de verguenza. No me dejo vencer por el mal. Al contrario, yo venzo con el bien el mal. (Roman 12, 20:21)
Me someto a todas las personas que ejercen autoridad y a la autoridad no sólo para evitar el castigo sino como un deber de conciencia. Por esta razón pago mis impuestos pues las autoridades están al servicio de Dios y a eso se dedican (Roman 13,1 y 5 y6)
Me porto bien y por eso la autoridad me aprueba (Roman 13, 3)
Doy a cada uno lo que le corresponde. Al que debo pagar contribuciones, pago las contribuciones; al que debo pagar impuestos, pago los impuestos; al que debo respeto, lo respeto; al que debo estimación, lo estimo. (Roman 13, 7)
No tengo deudas con nadie, aparte de la deuda de amor que tienen unos con otros; pues el que amo a mi prójimo y así cumplo todo lo que la ley ordena. (Roman 13, ![]()
Amo a mi prójimo como a mí mismo (Roman 13, 9)
He dejado de hacer las cosas propias de la oscuridad y me he revistido de luz, como un soldado se reviste de su armadura. (Roman 13, 12)
Actúo con decencia, como en pleno día. No ando en banquetes y borracheras, ni en inmoralidades y vicios, ni en discordias y envidias. (Roman 13, 13)
Estoy revestido de mi Señor Jesus Cristo y no busco satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana. (Roman 13, 14)
Recibo bien al que es débil en la fé y no entro en discusiones con él (Roman 14, 1)
No vivo para mí mismo ni muero para mí mismo. Si vivo, para el Señor vivo; y si muero, para el Señor muero. De manera que, tanto en la vida como en la muerte, del Señor soy. (Roman 14, 7:8)
No critico ni desprecio a mi hermano pues todos tenemos que presentarnos ante Dios para que El nos juzgue. (Roman 14, 10)
Siempre estoy proponiéndome no hacer nada para que mi hermano tropiece o ponga en peligro su fe. (Roman 14, 13)
No doy lugar a que se hable mal del bien que tengo o de mi fe en Cristo (Roma 14, 16)
Vivo en justicia, paz y alegría por medio del Espíritu Santo. (Roman 14, 17)
Busco siempre todo lo que conduce a la paz y a la edificación mutua. (Roman 14, 19)
Tengo mi fe yo mismo delante de Dios y uso mi libertad sin cargos de conciencia. (Roma 14, 22)
Hago todo con la convicción que me da la fe para no pecar (Roman 14,23)
Acepto como debilidades mías aquellas debilidades de los menos fuertes en fe que yo, en vez de hacer lo que a mi mismo me agrada. (Roman 15, 1)
Debo agradar a mi prójimo y hacer las cosas para su bien y para la edificación mutua. (Roman 15, 2)
Vivo en armonía con los demás, conforme al ejemplo de Cristo Jesus, pues Dios me ayuda dándome constancia y consuelo. (Roman 15, 5)
Acepto a los demás como Cristo me aceptó a mi, para gloria de Dios. (Roman 15,7)
Tengo abundante esperanza, pues Dios mismo me la ha dado por el poder del Espíritu Santo. (Roman 15,13)
Dios me ha llenado de alegría y paz. (Roman 15,13)
Estoy lleno de bondad y de todo conocimiento, y se aconsejar a los demás… (Roman 15,14)
Presto el servicio sacerdotal de anunciar el evangelio de Dios, con el fin de presentar ante EL a los no judíos, como ofrenda que le sea grata, santificada por el Espíritu Santo. (Roman 15,16)
Tengo razón para gloriarme en Cristo Jesús de mi servicio a Dios, porque no me atrevo a hablar de nada, aparte de lo que Cristo mismo ha hecho por medio de mí para llevar a los no judíos aobedecer a Dios. Esto se ha realizado con palabras y hechos, por el poder de señales y milagros y por el poder del Espíritu de Dios. De esta manera he llevado a buen término el anuncio del evangelio de Cristo, desde Chicago y por todas partes regiones apartadas. (Roman 15, 17:19)
Debo ayudar con los bienes que Dios me ha dado a todos los creyentes. (Roman 15,27)
Estoy dispuesto a poner en peligro mi vida por salvar la de mi hermano (Roman 16, 4)
Me aparto de los que causan divisiones y ponen tropiezo a la enseñanza que he recibido.(Roman 16,17)
Mi Dios de paz aplastará pronto a satanás bajo mis pies!! (Roman 16,20)
Unido a Cristo me he llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento y no me falta ningún don espiritual mientras espero con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo. (1 Corint 1,5 y 7)
Cristo me mantiene firme hasta el fin, para que sea irreprochable en su día. 1 Cor 1,8)
Vivo en armonía y me mantengo unido en un mismo pensar y propósito con mis hermanos en la fe, en nombre de Cristo (1 Cor 1,10)
Soy enviado por Cristo a predicar su evangelio sin discursos de sabiduría humana para que su cruz no pierda su eficacia. (1 Cor 1,17)
El mensaje de la cruz y Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios para mi 1 Cor 1, 18 y 24)
Estoy unido a Cristo Jesus a quien Dios hizo mi sabiduría, es decir mi justificación, mi santificación y mi redención. (1 Cor 1,30)
Cuando quiero enorgullecerme, lo hago en El Señor. (1 Cor 1,31)
Amo al Señor y por eso ningún ojo ha visto, ningún oido ha escuchado y ninguna mente humana ha concebido lo que EL tiene preparado para mí. 1 Cor 2, 9)
Yo he recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozca lo que Dios me ha dado gratuitamente, de lo cual también hablo, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales. (1 Cor 2, 12:13)
Yo soy espiritual, juzgo (dicierno) todas las cosas pero no soy juzgado por nadie. (1 Cor 2, 15)
Yo tengo la mente de Cristo. (1 Cor 2, 16)
Soy un servidor mediante el cual otros han creido según el Señor le dió oportunidad a cada uno (1 Cor 3, 5)
Yo planto, otro riega pero sólo Dios da el crecimiento (1 Cor 3, 6)
Soy colaborador de Dios (1 Cor 3, 9)
Soy Templo de Dios y el Espiritu de Dios habita en mi (1 Cor 3, 16)
Soy Santo (1 Cor 3, 17)
No me engaño a mi mismo sino que me hago necio a fin de llegar a ser sabio (1 Cor 3,18)
No me siento orgulloso de lo que es propio de los hombre pues todas las cosas son mías y yo soy de Cristo y Cristo de Dios. (1 Cor 3, 22:23)
Muy poco me preocupa ser juzgado por personas o por algún tribunal humano. Nisiquiera yo mismo me juzgo. Sin embargo, el que mi conciencia no me acuse de nada no significa que yo por esto sea inocente. Pues, el que me juzga es el Señor. ( 1 Cor 4, 3:4)
No juzgo nada antes de tiempo sino que espero confiado a que el Señor venga y saque a la luz lo que ahora está en la oscuridad. (1 Cor 4,5)
No tengo ningún privilegio sobre los demás y todo lo que tengo Dios me lo ha dado y por eso nunca presumo de haberlo conseguido por mí mismo. (1 Cor 4,7)
No debo tener trato con ninguno que, llamándose hermano, se entregue a la prostitución, o sea avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón. Con gente así, ni siquiera voya comer. (1 Cor 5,11)
Yo soy creyente y juzgaré al mundo y aun a los ángeles (1 Cor 6, 2 y 3)
Fuí lavado, fuí santificado, fuí justificado en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. (1 Cor 6,11)
Seré resucitado por Dios con Su Poder, así como El resucitó a mi Señor Jesus. (1 Cor 6, 14)
Mi Cuerpo es miembro de Cirsto mismo. (1 Cor 6, 15)
Soy uno con El Señor en espíritu (1 Cor 6,17)
Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en mí y al que he recibido de parte de Dios. No soy mi propio dueño pues fuí comprado por un precio. (1 Cor 6, 19:20)
Soy casado y cumplo los deberes propios del matrimonio. No tengo autoridad sobre mi propio cuerpo sino mi mujer. No me niego a mi esposa a no ser que sea por algún tiempo para dedicarnos a la oración. (1 Cor 7, 3:5)
Soy esclavo de Cristo (1 Cor 7, 22)
Fui comprado por un precio y no me haré esclavo de ningún hombre (1 Cor 7,23)
Amo a Dios y soy conocido por El. (1 Cor 8, 3)
Predico el evangelio sin orgullecerme de ello, pues estoy en la obigación de hacerlo. Ay de mí si no predico el evangelio!!! (1 Cor 9,16)
Yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. (1 Cor 9, 26:27)
No me apasiono por lo malo. No soy idólatra. No me entrego al desenfreno. No cometo inmoralidad sexual y tampoco pongo a prueba al Señor, ni murmuro contra Dios. (1 Cor 10, 6:10)
Si pienso que estoy firme, tengo cuidado de no caer. (1 Cor 10, 12)
Dios me da siempre una salida, a fin de que pueda resistir a la tentación. (1 Cor 10,13)
Huyo de la idolatría. (1 Cor 10,14)
No provoco a celos al Señor. (1 Cor 10, 22)
No busco mis propios intereses sino los de mi prójimo. (1 Cor 10, 24)
Ya sea que coma o que beba, hago todas las cosas para gloria de Dios. (1 Cor 10, 31)
Procuro agradar e todos en todo y no busco mis propios intereses sino los de los demás para que sean salvos. (1 Cor 10, 33)
Yo imito a Cristo. (1 Cor 11, 1)
Cristo es cabeza mia, yo soy cabeza de mi esposa y Dios es cabeza de Cristo. (1 Cor 11, 3)
Me examino a mí mismo para no ser juzgado, pero si el Señor me juzga El me disciplina para que no sea condenado con el mundo. (1Cor 11, 31:32)
Soy un miembro del Cuerpo de Cristo. (1 Cor 12, 27)
Soy paciente, soy bondadoso. No soy envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No me comporto con rudeza, no soy egoísta, no me enojo fácilmente, no guardo rencor. No me deleito en la maldad sino que me regocijo con la verdad. Todo lo disculpo, todo lo creo, todo lo espero, todo lo soporto. El amor en mí jamás se extingue. (1 Cor 13, 4:8)
Me empeño en seguir el Amor y ambiciono los dones espirituales, sobre todo el de profecía. (1 Cor 14, 1)
Soy niño en cuanto a la malicia, pero adulto en mi modo de pensar. (1 Cor 14, 20)
Por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia que El me concede no es infructuosa. (1 Cor 15,10)
Volveré a vivir en Cristo!! (1 Cor 15, 22)
No tengo malas compañías porque ellas corrompen las buenas costumbres. (1 Cor 15, 33)
Dios me da la victoria por medio de nuestro Señor Jesus Cristo!! (1 Cor 15,57)
Me mantengo firme e inconmovible, progresando siempre en la obra del Señor, conciente de que mi trabajo en el Señor no es en vano.(1Cor 15,58)
El primer día de la semana, aparto y guardo algún dinero conforme a mis ingresos, y lo doy a la Iglesia para la obra del Señor. (1 Cor 16, 1:2)
Nunca menosprecio un misionero o uno que trabaja en la obra del Señor sino que más bien le ayudo para proseguir su camino. (1 Cor 16, 11)
Me mantengo alerta; permanezco firme en la fe; soy valiente y fuerte. Hago todo con amor. (1 Cor 16, 13:14)
El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, me consuela en todas mis tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios he recibido, también yo pueda consolar a todos los que sufren. (2 Cor 1, 3:4)
Participo abundantemente en los sufrimientos de Cristo y por medio de él tengo abundante consuelo. (2 Cor 1,5)
Dios me libra y me librará de todo peligro de muerte. En él tengo puesta mi esperanza, y él seguirá librándome. (2 Cor 1,10)
Para mi, el motivo de satisfacción es el testimonio de mi conciencia: Me he comportado en el mundo, y especialmente entre mis hermanos, con la santidad y sinceridad que vienen de Dios. Mi conducta no se ha ajustado a la sabiduría humana sino a la gracia de Dios. (2 Cor 1, 12)
Dios es el que me mantiene firme en Cristo. Él me ungió, me selló como propiedad suya y puso su Espíritu en mi corazón, como garantía de sus promesas. (2 Cor 1, 21:22)
Dios siempre me lleva triunfante en Cristo y, por medio de mi, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios yo soy el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para éstos soy olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquéllos, olor de vida que los lleva a la vida. (2 Cor 2, 14:16)
No soy de los que trafican con la palabra de Dios. Más bien, hablo con sinceridad delante de él en Cristo, como enviado de Dios que soy. (2 Cor 2, 17)
Soy son una carta de Cristo, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en mi corazón. (2 Cor 3,3)
No es que me considere competente en mi mismo. Mi capacidad viene de Dios. Él me ha capacitado para ser servidor de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. (2 Cor 3,5:6)
Tengo esperanza y actúo con plena confianza! (2 Cor 3, 12)
Reflejo como en un espejo la gloria del Señor, soy transformado a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu. 2 Cor 3, 18)
He renunciado a todo lo vergonzoso que se hace a escondidas; no actúo con engaño ni tuerzo la palabra de Dios. Al contrario, mediante la clara exposición de la verdad, me recomiendo a toda conciencia humana en la presencia de Dios. (2 Cor 4,2)
Si mi evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios. (2 Cor 4, 3:4)
No me predico a mi mismo sino a Jesucristo como Señor; no soy más que servidor de mis hermanos por causa de Jesús. (2 Cor 4, 5)
Dios hizo brillar su luz en mi corazón para que conociera la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. (2 Cor 4, 6)
Me veo atribulado en todo, pero no abatido; perplejo, pero no desesperado; perseguido, pero no abandonado; derribado, pero no destruido. Dondequiera que voy, siempre llevo en mi cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en mi cuerpo. (2 Cor 4, 8:10)
Con espíritu de fe Creo y por eso hablo. (2 Cor 4,13)
Se que aquel que resucitó al Señor Jesús me resucitará también a mi con ÉL y me llevará junto con mis hermanos a su presencia. (2 Cor 4,14)
No me desanimo nunca. Al contrario, aunque por fuera me voy desgastando, por dentro me voy renovando día tras día. (2 Cor 4,16)
Los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padezco producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento, así que no me fijo en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Cor 4, 17:18)
Sé que si esta tienda de campaña en que vivo, se deshace, tengo de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. Mientras tanto suspiro, anhelando ser revestido de mi morada celestial, porque cuando sea revestido, no se me hallará desnudo. (2 Cor 5,1)
Vivo en esta tienda de campaña, suspirando y agobiado, pues no deseo ser desvestido sino revestido, para que lo mortal sea absorbido por la vida. (2 Cor 5, 4)
Vivo por fe y no por vista. (2 Cor 5, 7)
Así que me mantengo confiado, y preferiría ausentarme de este cuerpo y vivir junto al Señor. (2 Cor 5, ![]()
Me empeño en agradar a Dios, ya sea que viva en mi cuerpo o que lo haya dejado. (2 Cor 5,9)
Se lo que es temer al Señor y por eso trato de persuadir a todos. (2 Cor 5,11)
Jesus murió por todos, para que yo ya no viva para mí, sino para el que murió por mi y fue resucitado. Así que de ahora en adelante no considero a nadie según criterios meramente humanos. ( 2 Cor 5, 15:16)
Estoy en Cristo y por eso nueva criatura soy; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas. (2 Cor 5, 17)
Soy embajador de Cristo y como si Dios rogara por medio de mi, en nombre de Cristo ruego a mi prójimo: reconcíliese con Dios! (2 Cor 5,20)
Soy hecho justicia de Dios en Cristo Jesus (2 Cor 5, 21)
En el tiempo propicio Dios me escuchó y en el día de mi salvación El me socorrió. (2 Cor 6, 2)
Vivo como castigado, pero no condenado a muerte; como entristecido, mas siempre gozoso; como pobre, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo. (2 Cor 6, 9:10)
No me uno en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? (2 Cor 6, 14:16)
Soy el templo de Dios vivo. (2 Cor 6,16)
Dios es para mí “Padre” y yo soy para El “su hijo”. (2 Cor 6, 18)
Soy aceptado en el corazón de mis hermanos. A nadie he ofendido, a nadie he corrompido, de nadie he tomado ventaja. (2 Cor 7,2)
Dios me consuela cuando estoy deprimido. (2 Cor 7, 6)
Abundo en gozo en medio de grandes pruebas de aflicción y mi pobreza sobreabunda en la riqueza de mi liberalidad, pues más allá de mis propias posibilidades doy con voluntad. (2 Cor 8,2:3)
Sobresalgo en todo, es decir en fe, en palabras, en conocimiento, en dedicación y en amor hacia mis hermanos; asímismo procuro también sobresalir en toda gracia de dar. (2 Cor 8,7)
Jesucristo, aunque era rico, por causa de mí se hizo pobre, para que mediante su pobreza yo llegara a ser rico. (2 Cor 8,9)
Lo que doy es bien recibido según lo que tengo, y no según lo que no tengo porque lo hago de buena voluntad. (2 Cor 8, 12)
No tengo demasiado cuando recojo mucho ni me falta cuando recojo poco. (2 Cor 8, 15)
Soy una honra para Cristo. (2 Cor 8, 23)
Siembro abundantemente y abundantemente cosecho y cosecharé. Doy como propongo en mi corazón, no de mala gana ni por obligación. Dios me ama porque soy un dador alegre. (2 Cor 9, 6:7)
Dios hace que toda gracia abunde para mi a fin de que tenga lo suficiente en todo para abundar en toda buena obra. (2 Cor 9, ![]()
Seré enriquecido en todo para toda liberalidad, la cual por medio de mi produce acción de gracias a Dios. (2 Cor 9,11)
Glorifico a Dios por mi obediencia a mi confesión del evangelio de Cristo, y por la liberalidad de mi contribución para la obra de Dios, para sus santos y para todos. (2 Cor 9, 13)
Aunque ando en la carne, no lucho según la carne; porque las armas de mi contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo, y estando preparado para castigar toda desobediencia cuando mi obediencia sea completa. (2 Cor 10, 3:6)
Nunca me glorío desmedidamente y cuando me glorío lo hago en el Señor, pues no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba. (2 Cor 10, 13,17,18)
En Cristo me gloriaré, pero en cuanto a mí mismo me gloriaré sólo en mis debilidades. (2 Cor 12, 5)
Me basta la gracia de Dios pues su Poder se perfecciona en mi debilidad. (2 Cor 12,9)
Me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Cor 12, 10)
Yo muy gustosamente gastaré lo mío en mis hermanos, y aun yo mismo me gastaré por las almas de mis hermanos. (2 Cor 12, 15)
Me regocijo, soy perfecto, me conforto, soy de un mismo sentir, vivo en paz; y el Dios de amor y paz está con migo. (2 Cor 13, 11)
Jesucristo se dio a sí mismo por mis pecados para librarme de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. (Galatas 1, 3:5)
Dios me apartó desde el vientre de mi madre, me llamó por su gracia y tuvo a bien revelar a su Hijo en mí para que yo le anunciara. (Galatas 1, 15:16)
Soy justificado por la fe en Cristo y no por la obras de la Ley, pues por las obras de la Ley nadie será justificado. ( Galatas 2, 16)
Mediante la Ley, yo morí a la Ley a fin de vivir para Dios. (Galatas 2, 19)
Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Galatas 2, 20)
Aquel que me suministra el Espíritu y hace milagros ante mí, lo hace por haber oído yo con fe. (Galatas 3, 5)
Soy de fe y por eso soy hijo de Abraham. (Galatas 3, 7)
Jesucristo vive en mi y por eso en mí son benditas todas las naciones de la tierra. (Galatas 3, ![]()
Yo soy de fe y por eso soy bendecido con Abraham el creyente. (Galatas 3, 9)
No estoy bajo maldición pues no soy de las obras de la Ley. (Galatas 3,10)
Soy justo y vivo por la fe. (Galatas 3, 11)
Cristo me redimió de la maldición de la Ley, habiéndose hecho maldición por mí porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO. (Galatas 3, 13)
Soy hijo de Dios mediante la fe en Cristo Jesus. (Galatas 3, 26)
De Cristo me he revestido pues fuí bautizado en Cristo. (Galatas 3, 27)
Soy de Cristo, soy descendencia de Abraham y heredero según la promesa. (Galatas 3, 29)
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de redimirme, para que recibiera la adopción de hijo. (Galatas 4,4:5)
Porque soy hijo, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a mi corazón, el cual clama: ¡Abba! ¡Padre! (Galatas 4,6)
Ya no soy siervo sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios. (Galatas 4, 7)
Como Isaac, soy hijo de la promesa. (Galatas 4, 28)
Para libertad fue que Cristo me hizo libre; por tanto, permanezco firme y no me someto otra vez al yugo de la esclavitud. (Galatas 5,1)
Yo, por medio del Espíritu, espero por la fe la esperanza de justicia. (Galatas 5, 5)
A libertad fui llamado y no uso la libertad como pretexto para la carne, sino para servir por amor a los otros. (Galatas 5,13)
Amo a mi prójimo como a mí mismo. (Galatas 5,14)
Ando por el Espíritu y no cumplo el deseo de la carne. (Galatas 5,16)
En mí está el fruto del Espíritu, esto es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. (Galatas 5, 22:23)
Soy de Cristo Jesús y he crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Galatas 5,24)
Vivo por el Espíritu y ando también por el Espíritu. No me hago orgulloso, ni siembro rivalidades provocándo a otros ni envidio a otros. (Galatas 5,26)
Si veo que alguien ha caído en algún pecado, yo que soy espiritual debo ayudarlo a corregirse, pero lo hago amablemente, teniedo mucho cuidado, para que no sea puesto a prueba. (Galatas 6,1)
Ayúdo a mis hermanos a soportar las cargas, y de esa manera cumplo la ley de Cristo. (Galatas 6,2)
No me engaño a mí mismo pues nunca me creo ser algo, cuando no soy nada. (Galatas 6, 3)
Examino mi propia conducta y si tego algo de qué presumir, no me comparo con nadie. (Galatas 6,4)
Cuando recibo instrucción en la palabra de Dios, comparto todo lo bueno con quien me enseña. (Galatas 6,6)
No me engaño: de Dios nadie se burla. Cosecho lo que siembro. Si siembro para agradar a mi naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosecharé destrucción; si siembro para agradar al Espíritu, del Espíritu cosecharé vida eterna. (Galatas 6, 7:8)
No me canso de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharé si no me doy por vencido. (Galatas 6,9)
Hago el bien a todo el mundo, siempre que tengo oportunidad, y en especial hago el bien a mis hermanos en la fe. (Galatas 6, 10)
Por Jesucristo el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo. (Galatas 6,14)
Yo he sido creado de nuevo y por eso recibo paz y misericordia. (Galatas 6,16)
He sido bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. (Efesios 1, 3)
Fuí escogido por Dios antes de la creación del mundo para que sea santo y sin mancha delante de El. (Efesios 1,4)
En amor, Dios me predestinó para ser adoptado como hijo suyo por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que me concedió en su Amado. (Efesios 1, 5:6)
En Jesus tengo la redención mediante su sangre, el perdón de mis pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios me dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. (Efesios 1, 7:8)
Dios me ha hecho conocer el designio secreto de su voluntad. Él en su bondad se había propuesto realizar en Cristo este designio, e hizo que se cumpliera el término que había señalado. Y este designio consiste en que Dios ha querido unir bajo el mando de Cristo todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra. (Efesios 1, 9:10)
En Cristo también fuí hecho heredero, pues fui predestinado según el plan de Aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, a fin de que yo, que ya había puesto mi esperanza en Cristo, sea para alabanza de su gloria. (Efesios 1, 11:12)
Cuando oí el mensaje de la verdad, el evangelio que me trajo la salvación, y lo creí, en Cristo fuí marcado con el sello que es el Espíritu Santo prometido. (Efesios 1, 13)
El Espíritu Santo garantiza mi herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria. (Efesios 1, 14)
El Padre glorioso, me dá el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozca mejor. (Efesios 1, 17)
El Padre Glorioso me ilumina los ojos del corazón para que sepa a qué esperanza me ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a mi favor. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. (Efesios 1, 18:21)
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por mí, me dió vida con Cristo, aun cuando estaba muerto en pecados. ¡Por gracia soy salvo! (Efesios 2, 4:5)
Dios me resucitó en unión con Cristo y me hizo sentar con EL en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre mí en Cristo Jesús. (Efesios 2, 6:7)
Por gracia he sido salvado mediante la fe y esto no procede de mí, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que no me jacte. (Efesios 2, 8:9)
Soy hechura de Dios, creado en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las ponga en práctica. (Efesios 2, 10)
Yo, que antes estaba lejos, he sido acercado por Dios, mediante la sangre de Cristo. (Efesios 2, 13)
Soy reconciliado Con Dios, junto al pueblo judio, en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que se dio muerte a la enemistad. (Efesios 2, 16)
Por medio de Jesus tengo acceso al Padre por un mismo Espíritu. (Efesios 2, 18)
Soy conciudadano de los santos y miembro de la familia de Dios, edificado sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular. (Efesios 2, 19:20)
Soy edificado en Cristo para ser morada de Dios por su Espíritu. (Efesios 2, 22)
Soy prisionero de Cristo Jesus. (Efesios 3, 1)
Comprendo el misterio de Cristo. (Efesios 3, 4)
Soy, junto con Israel, beneficiario de la misma herencia, miembro del mismo cuerpo y participante igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio. (Efesios 3, 6)
Soy servidor del Evangelio de Cristo, como regalo que Dios por su gracia me dio, conforme a su poder eficaz. (Efesios 3,7)
Aunque soy el más insignificante de todos los santos, recibí la gracia de predicar a las naciones las incalculables riquezas de Cristo, y de hacer entender a todos la realización del plan de Dios, el misterio que desde los tiempos eternos se mantuvo oculto en Dios, Creador de todas las cosas. (Efesios 3, 8:9)
En Cristo, mediante la fe, gozo de la libertad y la confianza para acercarme a Dios. (Efesios 3, 12)
Soy fortalecido en lo íntimo de mi ser, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, para que, por fe, Cristo habite en mi corazón. (Efesios 3, 16)
Arraigado y cimentado en amor, puedo comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo. (Efesios 3, 18)
Soy conocedor del amor de Dios que sobrepasa mi conocimiento, y por ello soy lleno de la plenitud de Dios. (Efesios 3, 19)
Doy gloria en la Iglesia y en Cristo Jesus por todas las generaciones, por los siglos de los siglos Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que pueda imaginarme o pedir, por el poder que obra eficazmente en mi. (Efesios 3, 20:21)
Vivo de una manera digna del llamamiento que he recibido, es decir, siempre humilde y amable, paciente, tolerante con los otros en amor. (Efesios 4, 1:2)
Me esfuerzo por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. (Efesios 4, 3)
Fuí llamado a una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos. (Efesios 4, 4:6)
Se me ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. (Efesios 4, 7)}
Llegaré, junto con el resto de la iglesia, a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. (Efesios 4, 13)
Estoy creciendo, al vivir la verdad con amor, y creceré hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. (Efesios 4, 15)
No vivo con pensamientos frívolos como los paganos. (Efesios 4, 17)
Me he quitado el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; me he renovado en la actitud de mi mente y me he puesto el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad. (Efesios 4, 23:24)
Hablo a mi prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo. (Efesios 4,25)
No peco cuando me enojo, no dejo que el sol se ponga estando aún enojado y no doy cabida al diablo. (Efesios 4, 26:27)
Trabajo honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados. (Efesios 4,28)
Evito toda conversación obscena. Por el contrario, mis palabras siempre contribuyen a la necesaria edificación y son de bendición para quienes escuchan. (Efesios 4,29)
Fui sellado para el día de la redención con el Espíritu Santo de Dios. (Efesios 4,30)
He abandonado toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Efesios 4,31)
Soy bondadoso y compasivos con los demás, y perdono a mi prójimo, así como Dios me perdonó en Cristo. (Efesios 4, 32)
Soy imitador de Dios, como su hijo muy amado, y llevo una vida de amor, así como Cristo me amó y se entregó por mí como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. (Efesios 5, 1:2)
Nunca nisiquiera menciono algo sobre inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. (Efesios 5,3)
Nunca pronuncio palabra indecente, ni tengo conversación necia, ni cuento chistes groseros, sino más bien abundo en acción de gracias. (Efesios 5,4)
No soy avaro, inmoral o impuro, porque nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Nunca sostengo argumentaciones vanas ni me dejo engañar por ellas. (Efesios 5,6)
Antes era oscuridad, pero ahora soy luz en el Señor y vivo como hijo de luz en toda bondad, justicia y verdad, comprobando siempre lo que agrada al Señor. (Efesios 5, 8:10)
No tenga nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien las denuncio, porque me da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto. (Efesios 5,12)
Soy muy cuidadoso de mi manera de vivir. No vivo como necio sino como sabio, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. (Efesios 5, 15:16
No soy insensato, sino que por el contrario entiendo cuál es la voluntad del Señor. (Efesios 5,17)
Nunca me emborracho con alcohol, pues eso que lleva al desenfreno. Al contrario, soy lleno del Espíritu. (Efesios 5,18)
Siempre animo a los demás hermanos con salmos, himnos y canciones espirituales. Canto y alabo al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. (Efesios 5, 19:20)
Soy cabeza de mi esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, la cual es su cuerpo. (Efesios 5,23)
(Me someto a mi esposo como al Señor. (Efesios 5,22))
Amo a mi esposa(o), así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. (Efesios 5, 25:26)
Amo a mi esposa como a mi propio cuerpo y por eso le proveo y la cuido, así como Cristo hace con la iglesia. (Efesios 5,28:29)
Soy un solo cuerpo con mi esposa(o). (Efesios 5,31)
Amo a mi esposa como a sí mismo. (Efesios 5, 33) ( Respeto a mi esposo. (Efesios 5,33))
Soy obediente de mis padres, porque esto es justo. (Efesios 6,1)
Honro a mi padre y a mi madre y por eso me va bien y disfrutaré de larga vida en la tierra. (Efesios 6, 2:3)
No hago enojar mis hijos, sino que los crío según la disciplina e instrucción del Señor. (Efesios 6,4)
Obedezco a mi patrón en el trabajo con respeto y temor, y con integridad de corazón, como a Cristo. No lo hago sólo cuando me está mirando, como quien quiere ganarse el favor humano, sino como esclavo de Cristo, haciendo de todo corazón la voluntad de Dios. (Efes 6,5:6)
Siempre sirvo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor me recompensará por el bien que haya hecho. (Efesios 6,8)
Soy considerado con mis trabajadores y no los amenazo, pues junto con ellos tengo un mismo Amo en el cielo, para el cual no hay favoritismos. (Efesios 6,9)
Soy fortalécido con el gran poder del Señor. (Efesio 6,10)
Me pongo diariamente toda la armadura de Dios para poser hacer frente a las artimañas del diablo. (Efesios 6,11)
Mi lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. (Efesios 6,12)
Me pongo siem pretoda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo pueda resistir hasta el fin con firmeza. (Efesios 6,13)
Me mantengo firme, ceñido con el cinturón de la verdad, protegido por la coraza de justicia, y calzado con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Tomo, además, el escudo de la fe, con el cual puedo apagar todas las flechas encendidas del maligno, el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. (Efesios 6, 14:17)
Oro en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos y me mantengo alerta y persevero en oración por todos los santos. (Efesios 6, 18)
Oro y pido oración también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador.
Proclamo valerosamente y con denuedo el evangelio, como debo hacerlo. (Efesios 6,20)
Soy siervo de Cristo Jesús. (Filipenses 1,1)
Estoy convencido de que el que comenzó tan buena obra en mí, la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. (Filipenses 1, 6)
Dios es testigo de cuánto quiero a todos mis hermanos con el entrañable amor de Cristo Jesús. (Filipenses 1,8)
Mi amor abunda cada vez más en conocimiento y en buen juicio, discierno lo que es mejor, y soy puro e irreprochable para el día de Cristo… (Filipenses 1,10)
Estoy lleno del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. (Filipenses 1,11)
Predico a Cristo con amor, no por envidia o rivalidad sino con buenas intenciones. (Filip 1,15:16)
Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. (Filip 1,20)
Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. (Filipen 1,21)
Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero es preferible que yo permanezca en este mundo por el bien de las personas a quien pueda dar testimonio de Cristo (Filipenses 1, 23:24)
Permaneceré y continuaré en este mundo para contribuir a su jubiloso avance en la fe. (Filip 1,25)
Siempre me comporto de una manera digna del evangelio de Cristo. (Filipen 1,27)
Siempre estoy firme en un mismo propósito, luchando unánimemente con mis hermanos por la fe del evangelio y sin temor alguno a mis adversarios, lo cual es para ellos señal de destrucción, pero para mí, en cambio, es señal de salvación, y esto proviene de Dios. (Filipen 1, 28)
A mi se me ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él. (Filipen 1,29)
Siempre me siento muy estimulado en mi unión con Cristo, muy consolado en su amor, muy acompañado en el Espíritu (Filipenses 2, 1)
Nunca hago nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad considero a los demás como superiores a mí mismo. (Filipenses 2,3)
Nunca velo sólo por mis propios intereses sino también por los intereses de los demás. (Filipen 2,4)
Mi actitud es siempre como la de Cristo Jesús. Siempre tengo una actitud de siervo, me humillo a mi mismo y me hago obediente hasta la muerte (Filipenses 2, 5:8)
Me ocupo de mi salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en mi produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipens 2, 12.13)
Hago todo sin murmuraciones ni discusiones, para ser irreprochable y sencillo, hijo de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandezco como lumbrera en el mundo, agarrado de la palabra de vida… (Filipens 2, 14:16)
Siempre busco los intereses de Cristo Jesus por encima de los míos propios. (Filipens 2,21)
Soy servidor del Evangelio de Jesus como hijo a padre. (Filipen 2,22)
Siempre recibo con todo gozo en el Señor y tengo en alta estima a todos los misioneros y todos aquellos que trabajan para el Evangelio de Cristo Jesus. (Filipens 2, 29:30)
Siempre vivo regocijado en el Señor! Filipenses 3,1)
Siempre me cuido de todo aquel que hace cosas malas y de los de la falsa circuncisión o religiosos hipócritas, porque yo soy de los de la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne. (Filipenses 3m 2:3)
Todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. (Filipens 3, 7)
Yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. (Filipens 3,8)
Considero todo como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe. (Filipens 3, 8:9)
Deseo conocer a Cristo, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, para llegar a ser como El en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. (Filipen 3,10:11)
No he llegado a ser perfecto aun, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. (Filipens 3,12)
Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3, 13:14)
Soy ciudadano del cielo, de donde también ansiosamente espero a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará mi cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas. (Filipenses 3, 20:21)
Me mantengo siempre firme en el Señor. (Filipenses 4, 1)
Mi nombre está en el libro de la vida. (Filipenses 4,3)
Siempre me alegro en el Señor! (Filipens 4,4)
Soy siempre muy amable con todos, pues El Señor está cerca. (Filipenses 4, 5)
Nunca me inquieto por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presento mis peticiones a Dios y le doy gracias. (Filipenses 4,6)
La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuida mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús. (Filipens 4,7)
Siempre medito en todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. (Filipenses 4,8)
Soy practicante de todo lo que aprendo de mis Pastores, y de todo lo que he recibido y oído en mi Iglesia. (Filipenses 4,9)
El Dios de paz está siempre conmigo! (Filipenses 4,9)
Estoy siempre satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. (Filipenses 4, 12)
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4,13)
Siempre ofrendo para la obra del Señor, aumentando de esta manera el fruto en mi cuenta!
Mi Dios siempre me provee todo lo que necesito, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús. (Filipenses 4,19)
Tengo fe en Cristo Jesús y siento amor por todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos. (Colosenses 1, 4:5)
la palabra verdadera del evangelio lleva fruto y crece en mí, desde el día que oí y conocí la gracia de Dios en verdad. (Colos 1,6)
Soy lleno del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual. (Colos 1, 9)
Siempre ando como es digno del Señor, agradándolo en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. (Colos 1,10)
Soy fortalecido con todo poder, conforme a la potencia de la gloria de Dios, y obtengo diariamente fortaleza y paciencia, Colos 1, 11)
Con gozo, doy gracias al Padre que me hizo apto para participar de la herencia de los santos en luz. (Colos 1,12)
El Padre me ha librado del poder de las tinieblas y me ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tengo redención por su sangre y el perdón de pecados. Colos 1, 13:14)
Fui creado en, por medio de y para Cristo quien es imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades. (Colos 1, 15:16)
Subsisto en Cristo! (Colos 1, 17)
Jesus Cristo me reconcilió con Dios en su cuerpo de carne, por medio de su muerte, mediante la sangre de su cruz, para presentaros santos y sin mancha e irreprochables delante de EL. (Colosen 1, 19:22)
Permanezco fundado y firme en la fe, sin moverme de la esperanza del evangelio que he oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo. (Colosen 1, 23)
Fui hecho ministro de la Iglesia de Cristo, según la administración de Dios que me fue dada para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,(Colosen 1, 25:26)
Cristo en mí es esperanza de gloria. (Colosen 1, 27)
Yo anuncio a Cristo, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. Para esto también trabajo, luchando según la fuerza de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Colosens 1, 28:29)
Soy consolado en mi corazón por Dios y unido en amor con mis hermanos alcanzo todas las riquezas del pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. (Colosen 2, 1:3)
Nadie me engaña con palabras persuasivas. (Colosen 2, 4)
Mi fe es firme en Cristo. (Colosen 2, 5)
Ando en el Señor de la manera que lo he recibido, arraigado y sobreedificado en EL y confirmados en la fe, así como he sido enseñado, abundando en acciones de gracias. (Colosen 2, 6:7)
Estoy atento a que nadie me engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo. (Colosen 2, ![]()
Estoy completo en Crsito porque en EL habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad. (Colosenc 2, 9:10)
Fui circuncidado con circuncisión no hecha por mano de hombre, sino por la circuncisión de Cristo, en la cual soy despojado de mi naturaleza pecaminosa. (Colosen 2, 11)
Con Cristo fuí sepultado en el bautismo, y en EL fuí también resucitado por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos. (Colosen 2,12)
Estando muerto en pecados y en la incircuncisión de mi carne, Cristo me dio vida juntamente con EL, perdonándome todos los pecados. (Colosen 2, 13)
Cristo anuló el acta de los decretos que había contra mí, que me era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz. (Colosen 2, 14)
A nadie es permitido criticarme en asuntos de comida o de bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados, pues todo esto es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.. (Colosen 2,16:17)
A nadie le es permitido privarme de mi premio, haciendo alarde de humildad y de dar culto a los ángeles (metiéndose en lo que no ha visto), hinchado de vanidad por su propia mente carnal, pero no unido a la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. (Colosen 2, 18:19)
He muerto con Cristo y por eso no me someto a preceptos, mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales se destruyen con el uso. (Colosen 2,20:22)
hhe resucitado con Cristo y por eso buso las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. (Colosen 3,1)
Pongo la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra, porque he muerto al mundo. (Colosen 3,2)
M vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosen 3,3)
Seré manifestado con Cristo en gloria cuando El se manifieste. (Colosen 3,4)
Hago morir lo terrenal en mi: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría, pues por estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. (Colosen 3,5:6)
No practico todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas. (Colosens 3, ![]()
No miento a los demás pues me he despojado del viejo hombre con sus hechos y me he revestido del nuevo, conforme a la imagen del que me creó, y me voy renovando hasta el conocimiento pleno. (Colosenc 3,10)
Me visto, como escogido de Dios, santo y amado, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia, de mido que pueda tolerar a mis hermanos y perdonarlos. (Colosen 3,12:13)
De la manera que Cristo me perdonó, así también hago yo con los demás. (Colos 3,13)
Me revisto siempre de amor, que es el vínculo perfecto. (Colosen 3,14)
La paz de Dios gobierna en mi corazón y a ella fui llamado en un solo cuerpo. (Colosences 3,15)
Soy agradecido con Dios. (Colosen 3, 15)
La palabra de Cristo habita en abundancia en mí. (Colosense 3,16)
Enseño y exhorto a mis hermanos con toda sabiduría. (Colosen 3,16)
Canto con gracia en mi corazón al Señor, con salmos, himnos y cánticos espirituales. (Colosen 3,16)
Todo lo que hago, sea de palabra o de hecho, lo hago todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. (Colosen 3,17)
Amo a mi esposa y no soy áspero con ella. (Colosens 3,19)
Obedezco a mis padres en todo, porque esto agrada al Señor. (Colosen 3,20)
No exaspero a mis hijos, para que no se desalienten. (Colosen 3,21)
Obedezco en todo a mis jefes y patrones, no sirviendo al ojo, como el que quiere agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. (Colosen 3,22)
Todo lo que hago, lo hago de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiré la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor sirvo. (Colosen 3,23)
No actúo con injusticia para no recibir la injusticia que haya cometido, porque no hay acepción de personas. (Colosen 3,25)
Proporciono siempre a mis trabajadores lo que es justo y equitativo, consciente de que yo también tengo un Amo en el cielo. (Colosen 4,1)
Soy dedicado a la oración y persevero en ella con agradecimiento. (Colos 4,2)
Oro y pido oración por mí a fin de que Dios me abra las puertas para proclamar la palabra. (Colosen 4,3)
Oro y pido oración para que yo pueda anunciar con claridad el Evangelio, como debo hacerlo. (Colosen 4,4)
Me comporto sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. (Colosen 4,5)
Mi conversación es siempre amena y de buen gusto y sé responder a todo el mundo. (Colosen 4,6)
Siempre recibo bien a cualquier misionero u obrero de la obra de Dios. (Colos 4,10)
Estoy siempre luchando en oración por mis hermanos, para que, plenamente convencidos, se mantengan firmes, cumpliendo en todo la voluntad de Dios. (Colosen 4,12)
Siempre me ocupo de la tarea que recibo en el Señor, la llevo a cabo. (Colosens 4,17)
Cuando menciono a mis hermanos en mis oraciones siempre doy gracias a Dios por todos ellos. (1 Tesalon 1,2)
La obra de mi fe, el trabajo de mi amor y mi constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo son características que recuerdan mis hermanos de mí. (1 Tesaloni 1,3)
Se que Dios me ha escogido, porque el evangelio me llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. (1 Tesalon 1, 4:5)
Siempre estoy entre mis hermnaos buscando su bien. (1 Tesalon 1,5)
Soy imitador del Señor al haber recibido el mensaje del Evangelio con la alegría que infunde el Espíritu Santo. (1 Tesalon 1,6)
Soy ejemplo para todos los creyentes. (1 Tesalon 1,7)
Espero del cielo a Jesús, a quien Dios resucitó, que nos libra del castigo venidero. (1 Tesalon 1,10)
Aun padeciendo o siendo ultrajados o en medio de una gran oposición Dios me da valor para anunciar su evangelio. (1 Tesalon 2,2)
Mi exhortación no procede de error ni de impureza, ni es engañosa, al contrario, si hablo es porque Dios me aprueba y me confía el evangelio. (1 Tesaloni 2,3)
No procuro agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba mi corazón, porque, Dios es testigo que nunca uso palabras lisonjeras, ni encubro avaricia. (1Tesaloni 2, 4:5)
No busco gloria de los hombres, antes bien, me porto con ternura entre mis hermanos, como cuida una madre con amor a sus propios hijos. (1 Tesalonic 2, 6:7)
Tan grande es mi afecto por mis hermanos, que quiero no solo entregarles el evangelio de Dios, sino también mi propia vida. (1 Tesalonicen 2, ![]()
Me comporto de una manera santa, justa e irreprochable con otros creyentes. (1 Tesalonicen 2, 10)
Exhorto y consuelo a mis hermanos, como el padre a sus hijos, encargándoles que anden como es digno de Dios que los llamó a su reino y Gloria. (1Tesalonicen 2, 11)
Cuando recibí la palabra de Dios, la recibí no como palabra de hombres, sino según es en verdad la palabra de Dios, la cual actúa en mí como creyente. (1 Tesalonicen 2, 13)
Soy servidor de Dios y colaborador en el evangelio de Cristo. (1 Tesalon 3,2)
No me inquieto por las tribulaciones que pase a causa del Evangelio pues para esto estoy puesto. (1 Tesalonicen 3,3)
Estoy firme en el Señor! (1 Tesalonicen 3,8)
El Señor me hace crecer y abundar en amor para con mis hermanos y para con todos. (1 Tesalonicen 3,12)
Dios me fortalece interiormente para que, cuando nuestro Señor Jesús venga con todos sus santos, mi santidad sea intachable delante de nuestro Dios y Padre. (1 Tesalonic 3,13)
Sigo progresando en el modo de vivir que agrada a Dios y lo sigo practicando. (1 Tesalonicen 4,1)
Soy santificado, me aparto de la inmoralidad sexual; he aprendido a controlar mi propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarme llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios. (1 Tesalonicen 4,4:5)
Nunca perjudico a mi hermano ni me aprovecho de él en ningún asunto, pues el Señor castiga todo esto. (1 Tesalonicen 4,6)
Dios me llamó a la santidad y me da su Espíritu Santo. (1 Tesalonicen 4,8)
Dios mismo me ha enseñado a amar a mi prójimo. (1 Tesalon 4,9)
Procuro siempre vivir en paz con todos, me ocupo de mis propias responsabilidades y trabajar con sus propias manos, ganando por mi modo de vivir el respeto de los que no son creyentes, y no teniendo que depender de nadie. (1 Tesalonicen 4 11:12)
No me entristezco por mis hermanos que han muerto, pues no ignoro lo que va a pasar con ellos. (1 Tesalonicen 4,13)
Así como creo que Jesús murió y resucitó, así también creo que Dios resucitará junto con Jesús a los que han muerto en unión con él. (1 Tesalonicen 4,14)
Si estoy vivo cuando el Señor mismo descienda del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta seré arrebatado en las nubes con los que murieron antes, los cuales resucitarán primero, para encontrarnos todos con el Señor en el aire y así estaremos con el Señor para siempre. (1 Tesalonicen 4, 16:17)
No necesito saber acerca de tiempos y fechas, porque ya se que el día del Señor llegará como ladrón en la noche. (1 Tesalonicens 5,2)
1Th 5:4 Yo no estoy en la oscuridad para que el día del Señor me sorprenda como un ladrón, pues soy hijo de la luz y del día. No soy de la noche ni de la oscuridad. (1 Tesalonicens 5,4)
Me mantengo siempre alerta y en mi sano juicio. (1 Tesalonicen 5,6)
Yo soy del día y por eso estoy siempre en mi sano juicio, protegido por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación; pues Dios no me destinó a sufrir el castigo sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicens 5, 8:9)
Jesús Cristo murió por mi para que, en la vida o en la muerte, viva yo junto con EL. (1 Tesalonicens 5,10)
Siempre animo y edifico a mis hermanos. (1 Tesalonicens 5,11)
Soy siempre considerado con los que trabajan arduamente en la Iglesia y me guían y amonestan en el Señor, teniéndolos en alta estima y amándolos por el trabajo que hacen. (1 Tesalonicen 5,12)
Vivo siempre en paz con los demás. (1 Tesalonicens 5,13)
Amonesto a los holgazanes, estimulo a los desanimados, ayudo a los débiles y soy pacientes con todos. (1 Tesalonicens 5,14)
Nunca pago mal por mal, más bien me esfuerzo siempre por hacer el bien, no sólo entre mis hermanos de la fe sino a todos. (1 Tesalonicens 5, 15)
Soy y estoy siempre alegre y oro sin cesar, dando gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús. (1 tesalonicens 5,18)
Nunca apago el Espíritu ni desprecio las profecías. (1 Tesalonicens 5, 19:20)
Lo examino todo y retengo lo bueno. (1 Tesalonicen 5, 21)
Me abstengo de toda clase de mal. (1 Tesalon 5, 22)
Soy santificado por completo y conservado en todo mis ser –espíritu, alma y cuerpo- por Dios mismo, irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicens 5, 23)
Oro siempre por mis hermanos y los que trabajan para la obra del Señor. (1 Tesalonicens 5, 25)
Mi amor por los demás abunda más y más! (2 Tesalonicenses 1,3)
Soy considerado digno del reino de Dios, por el cual en verdad estoy sufriendo. (2 Tesalonic 1, 5)
Soy considerado por Dios digno de mi llamamiento y por Su poder perfecciona toda disposición al bien y toda obra que realizo por la fe. (2 Tesalon 1,11)
El nombre de nuestro Señor Jesús es glorificado por medio de mi, y yo por EL, conforme a la gracia de mi Dios y del Señor Jesucristo. (2 Tesalon 1, 12)
No pierdo la cabeza ni me alarmo por ciertas profecías, ni por mensajes orales o escritos de quien sea, que digan: “¡Ya llegó el día del Señor!”, porque primero tiene que llegar la rebelión contra Dios y manifestarse el hombre de maldad, el destructor por naturaleza. Éste se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el punto de adueñarse del templo de Dios y pretender ser Dios. (2 Tesalonicen 2, 2:4)
Desde el principio fuí escogido por Dios para ser salvo, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe que tengo en la verdad. (2 Tesalonicen 2, 13)
Dios me llamó, a fin de que tenga parte en la gloria de mi Señor Jesucristo. (2 Tesalinicen 2, 14)
Sigo siempre firme y me mantengo fiel a las enseñanzas que, oralmente o por carta, he recibido. (2 Tesalon 2, 15)
Soy animado y fortalecido en mi corazón por mi Señor Jesucristo mismo y mi Dios El Padre que me amó y por su gracia me da consuelo eterno y una buena esperanza, para que tanto en palabra como en obra haga todo lo que sea bueno. (2 Tesalon 2, 16:17)
Siempre oro por todo aquel que da testimonio para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor, tal como sucedió conmigo. (2 Tesalon 3,1)
Oro además para que mis hermanos y yo seamos librados de personas perversas y malvadas, porque no todos tienen fe. (2 Tesalonic 3,2)
El Señor es fiel y EL me fortalece y me protege del maligno. (2 Tesaloni 3,3)
Cumplo y seguiré cumpliendo lo que ma han enseñado. (2 Tesaloni 3, 4)
El Señor me lleva a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró. (2 Tesalon 3,5)
Me aparto de todo hermano que esté viviendo como un vago y no según las enseñanzas recibidas de nosotros. (2 Tesaloni 3,6)
En una misión o normalmente nunca vivo como ocioso entre mis hermanos, ni como el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajo arduamente y sin descanso para no ser una carga a ninguno de mis hermanos. (2 Tesalonic 3, 7:8)
No me canso de hacer el bien. (2 Tesaloni 3,13)
Nunca tengo por enemigo sino que denuncio publicamente y no me relaciono con él y amonesto como hermano a aquel de mis hermanos que no obedece las instrucciones de la Palabra. (2 Tesaloni 3, 14:15)
El Señor de paz me concede su paz siempre y en todas las circunstancias. (2 Tesaloni 3, 16)
El Señor es conmigo. (2 Tesalonice 3,16)
Mi amor brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera. (1 Timoteo 1,5)
Nunca me enredo en discusiones inútiles ni pretendo ser maestro de la ley, sin saber de qué habo ni entender lo que afirmo. (1 Timoteo 1, 7)
Doy gracias al que me fortalece, Cristo Jesús mi Señor, pues me consideró digno de confianza al ponerme a su servicio. (1 Timotel 1, 12)
Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor se derramó sobre mí con abundancia, junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús. (1 Timoteo 1, 13:14)
Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero precisamente por eso Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna. (1 Timoteo 1, 15:16)
Peleo la buena batalla y mantengo la fe y una buena conciencia. (1 Timoteo 1, 17:18)
ante todo, hago plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. (1 Timoteo 2, 1:2)
Mi Salvador quiere que yo llegue a conocer la verdad! (1 Timoteo 2,4)
Jesus Cristo, el único Dios y el único Mediador dió la vida como rescate por mí. (1 Timoteo 2, 5:6)
MUJER- Me visto decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos. Me adorno más bien con buenas obras, como corresponde a una mujer que profesa servir a Dios.
MUJER- Aprendo con serenidad, con toda sumisión. No enseñe al hombre ni ejerzo autoridad sobre él; me mantengo ecuánime. Me salvaré siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad. (1 Timoteo 2,15)
Si desea ser obispo, a noble función aspiro. En ese caso debo ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debo ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debo gobernar bien mi casa y hacer que mis hijos me obedezcan con el debido respeto; porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? No debo ser un recién convertido, no sea que me vuelva presuntuoso y caiga en la misma condenación en que cayó el diablo. Requeriré, además que se hable bien de mi por quienes no pertenecen a la iglesia, para que no caiga en descrédito y en la trampa del diablo. (1 Timoteo 3, 1:7)
Si deseo ser diácono, igualmente, debo ser honorable, sincero, no amigo del mucho vino ni codicioso de las ganancias mal habidas. Debo guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades de la fe. Debo primero ser puesto a prueba, y después, si no hay nada que reprocharme, puedo servir como diáconos. Debo ser también esposo de una sola mujer y gobernar bien a mis hijos y mi propia casa. (1 Timoteo 3, 8 :10)
MUJER – Como esposa de diácono debo ser honorable, no calumniadora sino moderada y digna de toda confianza. (1 Timoteo 3,11)
Puedo comer todo alimento pues Dios lo ha creado para que los creyentes, conocedores de la verdad, los comamos con acción de gracias. ( 1 Timoteo 4,3)
Rechazo las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien, me ejercito en la piedad, pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera. (1 Timoteo 4,8)
Trabajo y me esfuerzo porque he puesto mi esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos, especialmente de los que creemos. (1 Timoteo 4,10)
Me porto de tal manera que los creyentes ven en mi un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza. (1 Timoteo 4,12)
Me dedico a la lectura pública de las Escrituras, y a enseñar y animar a mis hermanos. Ejercito los dones que recibí. Soy diligente en estos asuntos; Me entrego de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estoy progresando. Tengo cuidado de mi conducta y de mi enseñanza. Persevero en todo ello, porque así me salvaré a mi mismo y a los que me escuchen. (1 Timoteo 4, 13:16)
No reprendo con dureza al anciano, sino que lo aconsejo como si fuera mi padre. Trato a los jóvenes como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5, 1:3)
MUJER VIUDA DESAMPARADA (MAYOR DE 6O Y QUE HAYA SIDO FIEL A SU ESPOSO) - Yo pongo mi esperanza en Dios y persevero noche y día en mis oraciones y súplicas. No me entrego al placer porque de esa manera estaré muerta en vida. Soy reconocida por mis buenas obras, tales como criar hijos, practicar la hospitalidad, lavar los pies de los creyentes, ayudar a los que sufren y aprovechar toda oportunidad para hacer el bien. (1 Timoteo 5,6 y 9 y 10)
Siempre proveo para los mios, y sobre todo para los de mi propia casa, pues de otra manera negaría la fe y sería peor que un incrédulo. (1 Timoteo 5, ![]()
No admito nunca ninguna acusación contra un anciano de mi Congregación, a no ser que esté respaldada por dos o tres testigos. (1 Timoteo 5, 19)Reprendo en público a los que pecan para que sirva de escarmiento. (1 Timoteo 5,20)Me conservo puro. (1 Timoteo 5,22)
Reconozco que mi patron o jefe merece todo respeto; así evito que se hable mal del nombre de Dios. Nunca falto al respeto a mi jefe o patrón y mucho menos cuando el es creyente. Al contrario, le sirvo todavía mejor, porque el que se benefician de mis servicios es creyente y hermano querido. (1 Timoteo 6, 1:2)
Nada traje a este mundo, y nada podré llevarme, así que, si tengo ropa y comida, me contento con eso. (1 Timoteo 6, 7:8)
No quiero enriquecerme para no caer en la tentación y volverme esclavo de mis muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos me hundirían en la ruina y en la destrucción porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. (1 Timoteo 6, 9:10)
Yo me esmero en seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia y la humildad. (1 Timoteo 6, 11)
Pelea la buena batalla de la fe; haciendo mía la vida eterna, a la que fuí llamado y por la cual he hecho admirable declaración de fe delante de testigos. (1 Timoteo 6,12)
No soy arrogante ni pongo mi esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que me provee de todo en abundancia para que lo disfrute. (1 Timoteo 6,17)
Hago siempre el bien, soy rico en buenas obras y generoso, dispuesto a compartir lo que tengo. De este modo atesoro para mí un seguro caudal para el futuro y obtendré la vida verdadera (1 Timoteo 6,18:19)
Evito siempre las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia para no desviarme de la fe. (1 Timoteo 6, 20)
Sirvo a Dios con limpia conciencia. (2 Timoteo 1, 3)
Avivo siempre el fuego del don de Dios que hay en mi. (2 Timoteo 1,6)
Dios me ha dado un espíritu de poder y no de cobardía, de amor y de dominio propio. (2 Timoteo 1,7)
Nunca me avergüenzo del testimonio de nuestro Señor, ni de mís hermanos que sufre por causa del evangelio, sino que participo con ellos en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios. (2 Timoteo 1,8)
Dios me ha salvado y me ha llamado con un llamamiento santo, no según mis obras, sino según su propósito y según la gracia que me fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio, para el cual yo fui constituido… (predicador y/o apóstol y/o maestro). (2 Timoteo 1, 10:11)
Nunca me avergüenzo porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que El es poderoso para guardar lo que he dejado a su cuidado hasta aquel día. (2 Timo 1, 12)
Con fe y amor en Cristo Jesús, sigue el ejemplo de la sana doctrina que aprendiste. (2 Timoteo 1, 13)
Con el poder del Espíritu Santo que vive en mi, cuido la preciosa enseñanza que se me ha confiado. (2 Timoteo 1,14)
Me fortalezco por la gracia que tengo en Cristo Jesús. (2 Timo 2,1)
Encomiedo a creyentes dignos de confianza y que están capacitados para enseñar a otros, todo lo que he recibido como enseñanza. (2 Timo 2, 2)
Compart los sufrimientos de mis hermanos y pastores, como buen soldado de Cristo Jesús. (2 Timo 2,3)
Nunca dejo de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. (2 Timot 2,8)
Todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tengo en Cristo Jesús. (2 Timoteo 2, 10)
He muerto con Cristo y por eso también viviré con él. He resistido y por eso también reinaré con él. (2 Timo 2,12)
Evito las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes. (2 Timo 2,14)
Me esfuerzo por presentarme a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad. (2 Timoteo 2,15)
Evito las palabrerías profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa, y sus enseñanzas se extienden como gangrena. (2 Timo 2, 16:17)
Soy del Señor y El me conoce. (2 Timoteo 2,19)
Soy de los que invoco al Señor y por eso me aparto de lamaldad. (2 Timo 2,19)
Me mantengo limpio para llegar a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena. (2 Timoteo 2,21)
Huyo de las malas pasiones de la juventud, y me esmero en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.
No tengo nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues sé que terminan en pleitos. (2 Timo 2,23)
No ando nunca peleando. (2 Timoteo 2, 24)
Soy amable con todos, capaz de enseñar y no soy propenso a irritarme. (2 Timo 2, 24)
Humildemente corrijo a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad. (2 Timoteo 2, 25:26)
Soy conciente de que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni me meto! (2 Timoteo 3, 1:5)
He seguido paso a paso las enseñanzas de mis maestros en cuanto a la manera de vivir, el propósito, la fe, la paciencia, el amor, la constancia, los sufrimientos. (2 Timoteo 3, 11)
Soy conciente de que seré perseguido por querer llevar una vida piadosa en Cristo Jesús…(2 Timoteo 3, 12)
Permanezco firme en lo que he aprendido y de lo cual estoy convencido, pues se de quiénes lo aprendí. (2Timoteo 3, 13)
Conozco las Sagradas Escrituras y se que ellas pueden darme la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús, pues toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Timoteo 3, 16)
Conozco las escrituras y por eso sé que como siervo de Dios estoy enteramente capacitado para toda buena obra. (2 Timoteo 3, 17)
Predico la Palabra; persisto en hacerlo, sea o no sea oportuno. (2 Timoteo 4, 2)
Corrijo, reprendo y animo con mucha paciencia, sin dejar de enseñar, conciente de que llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. (2 Timoteo 4, 3:4)
Soy prudente en todas las circunstancias, soporto los sufrimientos, me dedico a la evangelización; cumplo con los deberes de tu ministerio. (2 Timoteo 4,5)
Estoy peleando la buena batalla, aun no he terminado la carrera, pero me he mantenido en la fe. (2 Timoteo 4,7)
Espero con amor la venida del Señor y por eso El mismo, Juez Justo, me otorgará en aquel día la corona de justicia. (2 Timoteo 4,8)
El Señor está siempre a mi lado y me da fuerzas para que por medio de mí se lleve a cabo la predicación del mensaje y lo oigan los paganos. (2 Timoteo 4,17)
Soy siempre librado de la boca del león por mi Señor. (2 Timoteo 4, 17)El Señor me libra de todo mal y me preserva para su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos! (2 Timoteo 4, 18)
Soy llamado para que, mediante la fe, los elegidos de Dios lleguen a conocer la verdadera religión. ( Tito 1,1)
Mi esperanza es la vida eterna, la cual Dios, que no miente, ya había prometido antes de la creación. Ahora, a su debido tiempo, ELl ha cumplido esta promesa mediante la predicación que se me ha confiado por orden de Dios nuestro Salvador. (Tito 1, 2:4)
ANCIANO DE LA IGLESIA: Yo soy intachable, esposo de una sola mujer; mis hijos son creyentes, soy libre de sospecha y de libertinaje y de desobediencia. (Tito 1,6)
OBISPO DE LA IGLESIA: Tengo a mi cargo la obra de Dios, y por lo tanto soy intachable: no soy arrogante, ni iracundo, ni borracho, ni violento, ni codicioso de ganancias mal habidas. Al contrario, soy hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, santo y disciplinado. Soy apegado a la palabra fiel, según la enseñanza que recibí, de modo que también exhorto a otros con la sana doctrina y refuto a los que se opongan. (Tito 1, 7:9)
Soy sano en la fe y no hago caso de leyendas judías ni de lo que exigen esos que rechazan la verdad. (Tito 1,14)
Soy puroy por eso para mi todo es puro, pero para los corruptos e incrédulos no hay nada puro. Al contrario, tienen corrompidas la mente y la conciencia. Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan; son abominables, desobedientes e incapaces de hacer nada bueno. (Tito 1, 15:16)
Siempre predico lo que va de acuerdo con la sana doctrina. (Tito 2, 1)
A los ancianos les enseño que sean moderados, respetables, sensatos, e íntegros en la fe, en el amor y en la constancia. A las ancianas, enseño que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino y que deben enseñar lo bueno y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos. Las insto a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios. A los jóvenes, los exhorto a ser sensatos, dándoles ejemplo con mis buenas obras. (Tito 2, 2:7)
Cuando enseño, lo hago con integridad y seriedad, y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que se oponga, pues no podrá decir nada malo de mi. (Tito 2,8)
Enseño a los trabajadores a someterse en todo a sus patrones, a procurar agradarles y a no ser respondones. Les insisto en que no deben robarles sino demostrar que son dignos de toda confianza, para que en todo hagan honor a la enseñanza de Dios nuestro Salvador. (Tito 2, 9:10)
Rechazo la impiedad y las pasiones mundana pues Dios me ha manifestado su gracia, la cual trae salvación. Así puedo vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardo la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. (Tito 2, 12:13)
Fui rescatado de toda maldad dedicado a hacer el bien y purificado como pueblo elegido por Él que se entregó por mi. Esto es lo que enseño. Exhorto y reprendo con toda autoridad. Nadie me menosprecia. (Tito 2, 14:15)
Les recuerdo a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las autoridades y así mismo soy yo. (Tito 3,1)
Siempre estoy dispuesto a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en mi trato con todo el mundo. (Tito 3,2)
En otro tiempo también yo era necio y desobediente. Estaba descarriado y era esclavo de todo género de pasiones y placeres. Vivía en la malicia y en la envidia. Era detestable y odiaba a los otros. Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios mi Salvador, El me salvó, no por mis propias obras de justicia sino por su misericordia. Me salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre mi por medio de Jesucristo nuestro Salvador. (Tito 3, 3:6)
Soy justificado por su gracia y llegaré a ser heredero que abriga la esperanza de recibir la vida eterna. (Tito 3,7)
Creo en Dios y me empeño en hacer buenas obras. (Tito 3,8)
Evito las necias controversias y genealogías, las discusiones y peleas sobre la ley, porque carecen de provecho y de sentido. (Tito 3,9)
Amonesto hasta dos veces al que causa divisiones y después lo evito. (Tito 3,10)
Ayudo en todo lo que pueda a todo misionero. (Tito 3,13)Hago buenas obras, atendiendo lo que es realmente necesario y no llevo una vida inútil. (Tito 3,14)
Soy prisionero de Cristo Jesus!! (Filemon 1,1)
El Señor Jesucristo me conceda gracia y paz. (Filemon 1,3)
Amo y soy fiel al Señor y amo a todos los creyentes (Filemon 1, 5)
El compañerismo que brota de mi fe es eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que comparto con mis hermanos y mi Iglesia. (File 1,6)
Reconforto con mi amor el corazón de los santos. (Filemon 1,7)
Siempre hago favores no por obligación sino espontáneamente. (Filemon1, 14)
Si un hermano ha perjudicado a alguien o debe algo a alguien, estoy dispuesto a pagarlo. (Filemon 1,18)
Dios me ha hablado por medio de su hijo a quien designó heredero de todo, y por medio de quien hizo el universo. (Hebreos 1, 1:2)
Jesus Cristo mismo llevó a cabo la purificación de mis pecados. (Hebreos 1,3)
He amado la justicia y odiado la maldad; por eso Dios, mi Dios, me ha ungido con aceite de alegría. (Hebreos 1, 9)
Yo he de heredar la salvación y los ángles, espíritus dedicados al servicio divino, son enviados para ayudarme. (Hebreos 1, 14)
Vivo prestando más atención a lo que he oído, no sea que pierda el rumbo. Porque si el mensaje anunciado por los ángeles tuvo validez, y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo, ¿cómo escaparé yo si descuido una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron me la confirmaron. (Hebreos 2, 1:3)
Dios perfeccionó mediante el sufrimiento al autor de mi salvación con el fin de llevarme a la gloria. (Hebreos 2, 10)
Tengo un mismo origen con quien me santifica por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarme hermano, cuando dice: “Proclamaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré.” O en otra parte cuando dice: “Aquí estoy yo, con los hermanos* que Dios me ha dado.” (Hebreos 2, 12:13)
Por tanto, ya que yo soy de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte -es decir, al diablo-, y librarme a mi quien por temor a la muerte estaba sometido a esclavitud durante toda mi vida. (Hebreos 2, 14:15)
Jesus vino no en auxilio de los ángeles sino en auxilio de uno de los descendientes de Abraham que soy yo. (Hebreos 2, 16)
Jesus, se hizo semejante a mi en mi naturaleza humana, para ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso al servicio de Dios, a fin de expiar mis pecados. (Hebreos 2, 17)
Jesus, por haber sufrido EL mismo la tentación, puede socorrerme a mí cuando soy tentado. (Hebreos 2, 18)
Soy santificado y tengo parte en el llamamiento celestial, considerendo a Jesús como apóstol y sumo sacerdote de la fe que profeso. (Hebreos 3,1)
Cristo es fiel conmigo, como Hijo al frente de la casa de Dios. Y de esa casa hago parte yo, así que mantengo mi confianza y la esperanza que me enorgullece. (Hebreos 3, 6)
Cada vez que oigo la voz de mi Señor no endurezco el corazón como sucedió en la rebelión, en el día de prueba en el desierto. Allí el pueblo israelí tentó al Señor y le pusieron a prueba, aunque durante cuarenta años vieron sus obras. Por eso EL se enojó con aquella generación, y dijo: ‘Siempre se descarría su corazón, y no han reconocido mis caminos. Así que, en su enojo, juró: ‘Jamás entrarán en mi reposo.’ (Hebreos 3, 7:11)
Me cuido mucho de tener un corazón pecaminoso e incrédulo que me haga apartarse del Dios vivo. (Hebreos 3, 12)
Animo a mis hermanos, para que ninguno se endurezca por el engaño del pecado. (Hebreos 3, 13)
Retendré firme hasta el fin la confianza que tuve al principio y por eso he llegado a tener parte con Cristo (Hebreos 3, 14)
Me cuido mucho pues aunque la promesa de entrar en su reposo sigue vigente, puedo quedarme atrás… Por eso siendo creyente, me uno en la fe con quienes han prestado atención al mensaje. (Hebreos 4, 1: 3)
Entro en el reposo del Señor y descanso de mis obras! (Hebreos 4, 5 y 10)
No sigo ejemplo de desobediencia. (Hebreos 4,11)
La palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo de mi alma y de mi espíritu, hasta la médula de mis huesos, y juzga mis pensamientos y las intenciones de mi corazón. (Hebreos 4, 12)
Ninguna cosa mia escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien he de rendir cuentas. (Hebreos 4,13)
Jesús, el Hijo de Dios, es mi gran y sumo sacerdote que ha atravesado los cielos y por eso me aferro a la fe que profeso. (Hebreos 4, 14)
En Cristo tengo un sumo sacerdote que se compadece de mis debilidades, pues El mismo fue tentado en todo de la misma manera que yo soy tentado, aunque EL fue sin pecado. (Hebreos 4, 15)
Me acerco confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que me ayude en el momento que más lo necesito. (Hebreos 4, 16)
Consumada su perfección, Jesus llegó a ser autor de salvación eterna para mí que le obedezco (Hebreos 5, 9)
A estas alturas de mi buena carrera debo ser maestro y no necesito que alguien vuelva a enseñarme las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesito alimento sólido en vez de leche, pues el que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tenemos la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues hemos ejercitado su facultad de percepción espiritual. (Hebreos 5, 12:14)
Por eso, dejando a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avanzo hacia la madurez, sin volver a poner los fundamentos, tales como el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, la fe en Dios, la instrucción sobre bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Así procederé, si Dios lo permite. (Hebreos 6, 1:3)
No me apartaré jamás de mi Señor pues soy conciente de que es imposible renovar mi arrepentimiento si me aparto cuando ya he sido una vez iluminado, cuando ya he saboreado el don celestial, cuando ya he tenido parte en el Espíritu Santo y he experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero. Sí, es imposible porque en ese caso volvería a crucificar, para mi propio mal, al Hijo de Dios, y lo expondría a la vergüenza pública. (Hebreos 6, 4:6)
Me espera lo mejor, es decir, lo que atañe a mi salvación!! Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, he mostrado sirviendo a los santos, como lo sigo haciendo. Seguiré mostrando ese mismo empeño hasta la realización final y completa de mi esperanza. (Hebreos 6,9:11)
No soy perezoso; más bien, imito a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas. (Hebreos 6,12)
Esperaré con paciencia, hasta recibir lo que se me ha prometido por Dios mediante su Santo juramento. (Hebreos 6, 15)
Soy de los que buscando refugio me aferro a la esperanza que está delante de mi y que Dios me otorgó mediante promesa y juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta. (Hebreos 6, 18)
Tengo como firme y segura ancla de mi alma, una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, hasta donde Jesús, el precursor, entró por mi, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. (Hebreos 6, 19:20)
A este Sacerdote según el orden de Melquisedec, quien me bendice, doy la décima parte de todo, voluntariamente y con amor, no por estar sujeto a la Ley pues ella para mi quedó anulada por ser inútil e ineficaz, ya que no perfeccionó nada. (Hebreos 7)
Como mi buen Jesús permanece para siempre, su sacerdocio es imperecedero y por eso también me ha salvado por completo ya que por medio de EL, quien vive para siempre para interceder por mi, me acerco a Dios. (Hebreos 7 , 24: 25)
Me convenía tener un sumo sacerdote así: santo, irreprochable, puro, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos. A diferencia de los otros sumos sacerdotes, EL no tiene que ofrecer sacrificios día tras día, primero por sus propios pecados y luego por los mios; porque EL ofreció el sacrificio una sola vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo por mi. De hecho, la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles; pero el juramento, posterior a la ley, designa al Hijo, quien ha sido hecho perfecto para siempre. (Hebreos 7 26:28)
Tengo un grandioso sumo sacerdote. Aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano. (Hebreos 8, 1:3)
Mi Sumo Sacerdote, Jesús, tiene un sacerdocio muy superior al de ellos, así como el pacto del cual es mediador es muy superior al antiguo, puesto que se basa en mejores promesas. (Hebreos 8, 6)
Mi Señor puso sus leyes en mi mente y las escribió en mi corazón. El es mi Dios y yo soy parte de su pueblo. El perdonó mis maldades, y nunca más se acuerda de mis pecados. (Hebreos 8, 8:12)
Sirvo al Dios viviente pues con ese fin la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purifica mi conciencia de las obras que conducen a la muerte!
Por Cristo mediador del nuevo pacto, yo como llamado he recibido la herencia eterna prometida, pues Él ha muerto para liberarme de los pecados cometidos bajo el primer pacto.
Cristo entró en el santuario mismo del cielo una sola vez y para siempre, para presentarse ahora ante Dios en favor mío, acabando de una vez por todas con el pecado. (Heb 9, 24 a 26)
Moriré una sola vez, y después vendrá el juicio (Heb 9,27)
Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar mis pecados; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traerme salvación y traerla a quienes lo esperan. (Heb 9,28)
Y en virtud de la voluntad de Dios soy santificado mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre. (Heb 10, 10)
He sido hecho perfecto para siempre y estoy siendo santificado, por medio del solo sacrificio de mi Jesús. (Heb 10, 14)
Tengo plena libertad, mediante la sangre de Jesús, para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través del cuerpo de Cristo… (Heb 10, 19 a20).
Me acerco, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificado de una conciencia culpable y exteriormente lavado con agua pura. (Heb 10, 22)
Mantengo firme la esperanza que profeso, porque fiel es el que hizo la promesa. (Heb 10, 23)
Me Preocupo por mis hermanos, a fin de estimularlos al amor y a las buenas obras. (Heb 10, 24)
No dejo de congregarme, como acostumbran hacerlo algunos, sino animo a mis hermanos, con mayor razón ahora que veo que aquel día se acerca. (Heb 10, 25) No pierdo la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. (Heb 10, 35)
Siempre perseveraré para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, pueda recibir lo que Él me ha prometido, pues dentro de muy poco tiempo, “el que ha de venir vendrá, y no tardará”. (Heb 10, 36 a 37)
No soy de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. (Heb 11,1)
Soy un hombre de fe y por eso agrado a Dios. Creo que EL existe y que recompensa a quienes lo buscan. (Heb 11, 6)
Por la fe, como Abraham, he sido llamado para ir a un lugar que más tarde recibiré como herencia, y por fe obedeceré y saldré sin saber a dónde voy. Por la fe me radicaré como extranjero en la tierra prometida, y habitaré en tiendas de campaña con mi familia, herederos también de la misma promesa, porque espero la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor (Hebreos 11, 8 a 10)
Por la fe, a pesar de cualquier edad que tenga y de que mi esposa era estéril, recibo fuerza para tener hijos, porque considero fiel al que me ha hecho la promesa. Así que de un hombre como yo, aun si estoy en decadencia, nacen descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. (Hebreos 11, 11 a 12)
Anhelo una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se averguenza de ser llamado mi Dios, y me preparó una ciudad. (Heb 11, 16)
Por la fe prefiero ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. (Heb 11, 25)
Por la fe considero que el oprobio por causa del Mesías es una mayor riqueza que los tesoros de una vida en pecado (Egipto), porque tengo la mirada puesta en la recompensa. (Heb 11, 26)
Por la fe, al igual que Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, conquisto reinos, hago justicia y alcanzo lo prometido; cierro bocas de leones, apago la furia de las llamas y escapo del filo de la espada; saco fuerzas de flaqueza; me muestro valiente en la guerra y pongo en fuga a ejércitos extranjeros. (Heb 11, 32 a 35)
Por la fe estoy dispuesto a sufrir la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. (Heb 11, 36)
Por la fe estoy dispuesto a ser apedreado, aserrado por la mitad, asesinado a filo de espada. También a andar fugitivo de aquí para allá, cubierto de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligido y maltratado. (Heb 11, 37)
Yo, que estoy rodeado de una multitud tan grande de testigos, me despojo del lastre que me estorba, en especial del pecado que me asedia, y corro con perseverancia la carrera que tengo por delante. (Heb 12, 1)
Siempre fijo la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de mi fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. (Heb 12, 2)
Tengo presente siempre a Aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no cansarme ni perder el ánimo. (Heb 12, 3)
Soy bendecido pues en mi lucha que libro contra el pecado, todavía no he tenido que resistir hasta derramar mi sangre. (Heb 12, 4)
No tomo a la ligera la disciplina del Señor ni me desanimo cuando me reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo. (Heb 12, 5 a 6)
Soporto, pues es para mi disciplina, sabiendo que Dios me está tratando como a hijo. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Siempre recuerdo que si a mi se me deja sin la disciplina que todos reciben, entonces soy bastardo y no hijo legítimo. (Heb 12, 7 a ![]()
Aunque mis padres humanos me disciplinaban, los respetaba. ¿No he de someterme, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que viva? (Heb 12, 9)
En efecto, mis padres me disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para mi bien, a fin de que participe de su santidad, pues, ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes hemos sido entrenados por ella. (Heb 12, 10 a 11)
Por tanto, renuevo las fuerzas de mis manos cansadas y de mis rodillas debilitadas. “Hago sendas derechas para mis pies”, para que la pierna coja no se disloque sino que se sane. (Heb 12, 12 a 13)
Busco la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Heb 12, 14)
Me aseguro de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. (Heb 12, 15 a 16)
Me he acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Me he acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Me he acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección; a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel. (Heb 12, 22 a 24)
Tengo cuidado de no rechazar al que habla, pues si no escaparon aquellos que rechazaron al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparé yo si le vuelvo la espalda al que me amonesta desde el cielo. (Heb 12, 25)
Yo, que estoy recibiendo un reino inconmovible, soy agradecido. Inspirado por esta gratitud, adoro a Dios como a él le agrada, con temor reverente, porque mi “Dios es un fuego consumidor”. (Heb 13, 1)
No me olvido de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. (Heb 13, 2)
Me acuerdo de los presos, como si fueran mis compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si fuera yo mismo el que sufre. (Heb 13, 3)
Tengo en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales. (Heb 13, 4)
Me mantengo libre del amor al dinero, y me contento con lo que tengo, porque Dios ha dicho: “Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.” (Heb 13, 5)
Puedo decir con toda confianza: “El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué puede hacerme el ser humano?” (Heb 13, 6)
Me acuerdo de mis Pastores y dirigentes, que me comunicaron la palabra de Dios. Considero cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imito su fe. (Heb 13, 7) No me dejo llevar por ninguna clase de enseñanza extraña, pues me conviene que mi corazón sea fortalecido por la gracia, y no por alimentos rituales que de nada aprovechan a quienes los comen. (Heb 13, 9)
Salgo al encuentro de Jesus fuera de mi campamento, llevando la deshonra que él llevó, pues aquí no tengo una ciudad permanente, sino que busco la ciudad venidera. (Heb 13, 14)
Ofrezco continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. (Heb 13, 15)
No me olvido de hacer el bien y de compartir con otros lo que tengo, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios. (Heb 13, 16) Obedezco a mis dirigentes y me someto a ellos, pues cuidan de mi como quienes tienen que rendir cuentas. Les obedezco a fin de que ellos cumplan su tarea con alegría y sin quejarse, pues el quejarse no les trae ningún provecho. (Heb 13, 17)
Oro por mis Pastores y dirigentes para que estén seguros de tener la conciencia tranquila y de querer portarse honradamente en todo. (Heb 13, 18)
Dios mismo me capacita en todo lo bueno para hacer su voluntad. Por medio de Jesucristo, Dios cumple en mi lo que le agrada. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Heb 13, 21)
Recibo bien todas las palabras de exhortación. (Heb 13, 22)
Tengo por sumo gozo cuando me hallo en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de mi fe produce paciencia. Sant 1, 2 a 3)
La paciencia hace en mi su obra completa, para que sea perfecto y cabal, sin que me falte cosa alguna. (Sant 1, 4)
Si tengo falta de sabiduría, la pido a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y con seguridad me es dada. (Sant 1, 5)
Pido con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. (Sant 1, 6)
Nunca seré un hombre de doble ánimo, pues el es inconstante en todos sus caminos. (Sant 1, ![]()
Soy bienaventurado porque soporto la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibiré la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Sant 1, 12)
Cuando soy tentado, no digo que soy tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que unicamente soy tentado, cuando de mi propia concupiscencia soy atraído y seducido. (Sant 1, 13 a 14)
No erro en el nombre de Jesús!!! (Sant 1, 16)
Toda buena dádiva que recibo y todo don perfecto que me ha sido dado desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. (Sant 1, 17)
El, de su voluntad, me hizo nacer por la palabra de verdad, para que sea primicia de sus criaturas. (Sant 1, 18)
Yo soy pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarme; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. (Sant 1, 19 a 20)
Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibo con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar mi alma. (Sant 1, 21)
Soy hacedor de la palabra, y no tan solamente oidor de ella. (Santiago 1, 22)
Recibo bendición al practicar la Palabra pues me fijo atentamente y persevero en ella. Atiendo a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y me conservo limpio de la corrupción del mundo. (Santiago 1,27)
Mi fe en Jesus es sin favoritismo para con ninguna persona. (Santiago 2,1)
Nunca menosprecio a los pobres (Santiago 2, 6)
Seré juzgado con compasión porque he actuado con compasión y la compasión triunfa en el juicio! (Santiago 2, 13)
Tengo fe y tengo obras por eso no tengo una fe muerta ni esteril sino viva. (Santiago 2, 14-16)
Soy declarado justo por mi fe y por mis obras (Santiago 2, 24)
Soy sabio y entendido y lo demuestro con mi buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que me da mi sabiduría. (Santiago 3, 13)
No tengo envidias amargas y rivalidades en mi corazón, no presumo y no falto a la verdad. (Santiego 3,14)
Soy poseedor de la sabiduría que desciende del cielo, pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. (Santiago 3,17)
Siempre deseo algo y lo consigo. Tengo, porque pido. (Santiago 4, 2)
Pido siempre con buenas intenciones, no para satisfacer mis propias pasiones y por eso recibo. (Santiago 4,3)
No soy amigo del mundo porque soy amigo de Dios. (Santiago 4,4)
Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en mi. (Santiago 4, 5)
Me someto a Dios. Resisto al diablo, y él huye de mí. (Santiago 4, 7)
Me acerco a Dios, y él se acercará a mi. (Santiago 4,8)
Me humillo delante del Señor, y él me exalta. (Santiago 4,10)
Nunca hablo mal de un hermano ni lo juzgo. (Santiago 4, 11 y 12)
Siempre digo: “Si el Señor quiere, viviré y haré esto o aquello.” (Santiago 4, 15)
Se hacer el bien y lo hago. (Santiago 4, 17)
No he llevado en este mundo una vida de lujo y de placer desenfrenado. (Santiago 5, 5)
Tengo y tendré paciencia hasta la venida del Señor. (Santiago 5, ![]()
Nunca me quejo de mis hermanos. (Santiago 5, 9)
Tomo como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. (Santiago 5,10)
Soy considerado dichoso porque persevero. (Santiago 5,11)
Nunca juro ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Cuando digo “sí” es “sí”, y “no”, es “no”, “no”. (Santiago 5,12)
Cuando estoy afligido siempre oro y cuando estoy de buen ánimo, canto alabanzas. (Santiago 5, 13)
Cuando estoy enfermo, voy a los ancianos de mi iglesia para que oren por mí y me unjan con aceite en el nombre del Señor. (Santiago 5, 14)
Confiieso mis pecados a mis hermanos, y oro por ellos para que sean sanados. (Santiago 5, 16)
Siempre estoy atento para hacer volver a un pecador de su extravío. (Santiago 5, 20)
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, me ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tenga una esperanza viva y reciba una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. (1 pedro 1, 3 a 4)
El poder de Dios me protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. (1 Pe 1, 5)
Mi fe, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1 Pe 1, 7)
Amo a Dios a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo veo ahora, creo en él y me alegro con un gozo indescriptible y glorioso, pues estoy obteniendo la meta de mi fe, que es mi salvación. (1 Pe 1, 8 a 9)
Siempre estoy dispuesto a actuar con inteligencia, teniedo dominio propio y poniendo mi esperanza completamente en la gracia que se me dará cuando se revele Jesucristo. (1
