LAS MUJERES HUYEN AL MATRIMONIO :
Cambio de actitud
El cambio de actitud también es importante. Hasta hace poco una solterona era la mujer que cerca de los 30 años no se había casado. Pasada esa edad, lo mejor que podía ocurrirle era que la consideraran una excéntrica.
Ahora es normal estar sola, dice la psicóloga Diana Adile Kirschner, de Filadelfia, quien ha dedicado su carrera a tratar mujeres solteras. “Antes me contaban que se sentían aisladas, vivían solas, tenían poca actividad y se sentían diferentes. Ahora eso cambió. Tienen a sus familias, muchos amigos y se sienten menos aisladas y más integradas en la vida social”.
Actualmente, las mujeres tienen más confianza, más capacidad de decisión y se bastan a sí mismas. Ya no ven el matrimonio como una cuestión de supervivencia y aceptación social. Se sienten libres para comenzar y terminar relaciones según les parezca, tal como lo hacen los hombres.
Declararse soltera por elección da sensación de poder a cualquier mujer. Pero no es una decisión a la que se llega sin cierto grado de angustia y múltiples interrogantes, tales como: ¿no serán las mujeres poco realistas sobre el matrimonio? ¿No estarán negando a la sociedad y a sí mismas los beneficios del matrimonio por ser tan exigentes? ¿No se estará creando una brecha insalvable entre los sexos? ¿Y en la vida sexual, este número creciente de solteras no significa un crecimiento desenfrenado de la promiscuidad?
El Proyecto Nacional sobre el Matrimonio, de la Universidad de Rutgers, publicó un estudio que demostró que el índice de casamientos entre las mujeres ha descendido un tercio desde 1970, y que las mujeres jóvenes eran más pesimistas sobre las posibilidades de encontrar un marido. “La verdad es que, para muchas, el matrimonio es el intermedio, y la soltería, el estado normal”, dice Bárbara Dafne Whitehead, codirectora del centro. Para el último estudio, Whitehead decidió concentrarse en mujeres trabajadoras de entre 20 y 30 años, donde esperaba encontrar actitudes más tradicionales. Sin embargo, se dio cuenta de que a estas mujeres no les preocupaba tanto el matrimonio, sino obtener un titulo universitario, crear su propio negocio o comprar una casa.
“En cierta manera, la aceptación de la soltería es el resultado lógico del aumento de las posibilidades de las mujeres que originó el movimiento de liberación femenina. “Las mujeres se han hecho adictas a las posibilidades de su propia vida, a la idea de que en cualquier momento tienen la libertad de hacer lo que deseen”, explica Melissa Roth, autora de On the Loose (Sueltas) la crónica de un año en la vida de tres mujeres en sus treintas. Y aunque siguen buscando el amor, muchas se dan cuenta de que les cuesta renunciar a su propio espacio a cambio de los compromisos y sacrificios del matrimonio.
También ha habido un cambio de actitud hacia el amor y el matrimonio. Las mujeres de generaciones anteriores basaban su decisión no sólo en el afecto sino en la necesidad de protección masculina y ayuda hoy a cosas muy distintas que sus madres.


