La Paz familiar y Escolar es compromiso de todos. (Rosa Torres)
Los cambios a nivel mundial han ocurrido con tanta rapidez, que colocan en una evidente desventaja a los paÃses latinoamericanos. Todo ello, ocasiona inestabilidad en lo social, en lo económico, en lo polÃtico, en el sistema educativo, que sufren la influencia de los avances desmesurados que se dan en los paÃses desarrollados y que de una u otra manera repercuten en los paÃses latinoamericanos.  Lo anteriormente expuesto, aunado a circunstancias ambientales desfavorables, entre las cuales se pueden mencionar a la pobreza, la distribución de la riqueza, generan un ambiente de malestar social, frustración e impotencia, que tienen una de sus formas de expresarse a través de las conductas violentas dentro de la familia.
 La conducta violenta se manifiesta en Venezuela por medio de diversas vÃas, entre ellas pueden mencionarse a la programación de las televisoras comerciales y los altos Ãndices de crÃmenes violentos ocurridos todos los fines de semana. Todo esto, repercute profundamente en los niños y niñas, en su desarrollo, asà como también en su desempeño escolar, en especial en la interacción con los demás.
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            El Estado Lara, no escapa de esta realidad, la sociedad actual está marcada por hechos de violencia, los cuales se ponen de manifiesto en diversas investigaciones, los medios de comunicación e inclusive en vivencias de tipo personal. Esta situación genera en la población una conmoción y una sensación de desesperanza, ante la aparente incapacidad de poder convivir en paz. El panorama se agrava cuando se observa por una parte, familias desestructuradas en su esencia vital de formadora en valores y principios, y por otra,  un sistema educativo con estructuras estereotipadas, que parece incapacitado para dar respuestas a este fenómeno. Se supone que ambos, deben formar ciudadanos y ciudadanas que interactúen, se comuniquen, trabajen y convivan en escenarios enmarcados en una cultura de paz, que piensen y actúen considerando la vida en común y el bienestar colectivo.
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Tanto la familia como la escuela, deben fomentar una educación para la paz, formando ciudadanos y ciudadanas autónomos, reflexivos y con valores cÃvicos, que asuman el compromiso, la responsabilidad y el derecho que tienen de vivir en una sociedad sin odios, desigualdades, ni violencia.
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Es momento de realizar cambios significativos, centrados en valores cÃvicos, como el respeto, la solidaridad, la convivencia, la tolerancia. El ser humano debe asumir el compromiso de participar activamente para transformar las diversas situaciones conflictivas que se le presenten, que tenga como principio resolver los conflictos a través de acuerdos y no de la violencia, que asuma el compromiso de participar activamente en la construcción de una sociedad basada en principios democráticos, donde cada uno comparta la responsabilidad y el derecho que se tiene de vivir en armonÃa y paz.


