Elecciones 2008 (resumen fatídico)
Hablemos de política. La decisión ha sido tomada, gráficos bicolores nos limitan la comprensión de la solución. Sólo un esquema bipartidista, que se nos ofrece a modo de pensamiento único y totalitario. Esa es una realidad tristemente empañada, que aceptamos, que resulta más cómoda para el pensamiento vago, cómodo, que prefiere no saber a conocer. La comunicación masiva selecciona sus propiedades, no ofrece una realidad agasajada con todas las elecciones que podemos hacer que se ajustan a un pensamiento cansado, dolido, molesto y con ganas de cambiar, sabiendo que se puede hacer más, mejor y contando con todos.
Los medios están alienados, en el instinto del hombre está su pensamiento y éste utilizado en grandas masas, a modo de predicador, nos induce a la división simplista y bipartidista en que se ha convertido la democracia.
Cuando llega la decisión personal, es un trámite cómico y frustrante. ¿Cuantos nombres serán leídos y olvidados? Es difícil no pararse a pensar y preguntar: ¿qué me habrían ofrecido? Es difícil ver una mesa de debate donde en la conversación primen las minorías, aquellas que reciben un papel y un nombre pero no una oportunidad. Cuantos papeles habrá que estén escritos y vacíos a la vez, esfuerzos sin recompensa, que ofrecen otra cara más a la moneda. Olvidados en ese duelo a muerte, saliendo entre las espaldas de los vaqueros para participar en el “juego”, a la sombra del teatro, a oscuras en la decisión que tome el pueblo.
Hay tantas opciones que se pueden elegir, hasta el hastío se puede reflejar, hasta la ignorancia gana día a día. Cuánta gente defraudada por palabras y actos que no llegan a su forma de estar, a su satisfacción personal. La diferencia entre un voto vacío, un voto roto en pedazos y una abstención es tan grande y tan olvidada por los medios, que acaba olvidando su significación, que se agrupa en una terminología injusta, poco valorada y apartada de la decisión, obligando al espectador a luchar contra ese teatro pactado, poco realista y “absolutista”. Prima la comodidad, la aceptación de la información sin ser contrastada, pierde fuerza el cambio y otra forma de interpretar la política.
La llamada al voto útil es una tragicomedia inventada por el beneficiario de la división del pastel a medias. ¿Cuándo no fue el voto útil? Es pura falacia publicitaria, es negocio sacar de la utilidad un nombre, un partido o una decisión tan importante, habiendo tantos caminos diferentes como personas se atrevan a empezarlo. Habiendo tantas opciones, ¿por qué la utilidad se define en términos de un bipartidismo acérrimo? Alguien cambió en la democracia su definición.
Como otra vuelta a empezar, otro período de guerras de poder, de decisiones individuales o claramente partidistas sin pensar en lo que el pueblo tiene que decir. Será dentro de cuatro años, seguramente con las mismas opciones mostrables, debatibles, sin pensar en que el voto de la mayoría no estriba en nuestro caso en la decisión de un ente político, sino en una mezcla de ideas comprensibles que tienen derecho a ser debatidas y tener un grado de presentación y de respuesta por parte de los beneficiarios, los cuales son los que conviven en un ente organizado, socializado cuyas fronteras aquí no son de discutir, pero que no merecen sangre ni odio. Aceptación del pasado para poder mirar al futuro lo mejor que se pueda.
La reflexión puede ser extensa, hay muchas cosas en las que recapacitar. Una parte importante y fundamental es la incultura. La que rige en gran parte de la sociedad, que prefiere la mentira a la búsqueda de la verdad. La sencillez de la comodidad, la ignorancia de la desidia nos aboga a una situación de estremecimiento y resignación. La única verdad que te queda es la que encuentras cuando buscas, cuando rechazas todo lo demás para creerte sólo lo contrastado, estudiado y hallado por ti mismo. Es una solución fácil, de dignidad pública y de respeto al pueblo en el que vives y del que vives.
Quizás así todo cambiaría, la forma de hacer política sería distinta, sabrían que hay otra manera de gobernar, menos cara a cara, más social y menos manos en la espalda.


