EL VILLANO DE LOS INCENDIOS OCURRIDOS EN GALICIA
El Eucalipto Azul (eucaliptus globulus) es un árbol polémico. Sus detractores se alarman por los posibles efectos desecantes, acidificantes, esterilizadores y desmineralizadores. Mientras, la industria maderera y celulosa se frota las manos con este árbol, milagro de la productividad. Sin entrar en valoraciones, lo cierto es que Fray Rosendo Salvado cuando mandó las primeras semillas de globulus a Galicia a mediados del XIX nunca se imaginó la enorme extensión que ocuparÃa en la PenÃnsula siglo y medio después.
El eucalipto azul, originario de Australia y Tasmania, debe su nombre cientÃfico a unos botones llamados globulus de moda en la Francia de finales del XVIII. Es un árbol con una raÃz muy poderosa, rapidÃsimo crecimiento y que puede alcanzar un tamaño gigantesco. Se habla de un ejemplar llamado Lady Franklin Tree, derribado en 1906 en Mt. Wallington (Australia) que medÃa 101 metros.
La capacidad de regeneración del eucalipto tras el fuego es asombrosa. En agosto de 2001, un incendio arrasó un eucaliptal en el Monte Enxa-Porto do Son. Posteriormente, en 2002 los globulus han vuelto a brotar, con pies que superan los 2 metros.
La mayor parte de la madera del eucalipto blanco, como también es llamado, se destina a la industria del papel.. Pero sus aplicaciones son innumerables: minerÃa, construcción, combustible, tableros…etc.
Los aborÃgenes australianos conocen las propiedades medicinales del eucalipto, lo llaman “el árbol que cura la fiebre”. Está indicado para afecciones respiratorias, bronquitis, asma, diabetes, infecciones urinarias…
Un clima propicio, y la ausencia casi total de enemigos naturales habÃa convertido el Norte de la PenÃnsula en el paraÃso particular del eucaliptus globulus.
La situación ha cambiado. En 1991 se detectó en Lourizán (Pontevedra) y posteriormente en otras zonas de España, la presencia del Gonipterus Scutellatus un insecto originario del sudeste de Australia que se alimenta, tanto es su fase larvaria como adulta, de hojas de eucalipto provocando su defoliación. Las disminuciones en el crecimiento del árbol se estiman en un 30 por ciento.
Para luchar contra esta plaga, y teniendo en cuenta la dificultad para emplear un tratamiento quÃmico, se ha introducido la avispilla Anaphes nitens , que como si de un Alien de Ridley Scott se tratara, parasita los huevos del gonipterus impidiendo su nacimiento.
En o Souto da Retorta (ChavÃn - Viveiro) se encuentran los eucaliptos más altos de Europa con ejemplares que rondan los 80 metros. Entre todos ellos sobresale un gigante llamado El Abuelo, que destaca tanto por sus 67 metros de altura, como por los 7,55 metros de perÃmetro que tiene a 1,30 del suelo.
En el Pazo de Rubiáns - VilagarcÃa de Arousa hay varios globulus enormes. A lo largo de toda la geografÃa gallega podemos encontrar varios ejemplares de gran talla. Taragoña, Cangas do Morrazo, A Guarda… son algunos de los lugares en los que podemos encontrar eucaliptos azules de tamaños que nada tienen que envidiar a sus hermanos australianos. Sin duda, la España húmeda es el paraÃso del eucalipto.
Una de las principales caracterÃsticas del género «Eucalyptus» es su facultad para brotar vigorosamente de su cepa. Es tal el poder de regeneración de este tipo de árboles que incluso pueden rebrotar a partir del tronco, aunque esté quemado.
La excelente adaptación del eucalipto a las condiciones climatológicas de la cornisa cantábrica y su utilización en diversas actividades, generó el interés de los propietarios forestales. Galicia tiene en la actualidad más de 1.800.000 hectáreas de monte, siendo el 63 por ciento de propiedad particular, quienes cultivan primordialmente eucalipto, un 33 por ciento propiedad vecinal, y el resto perteneciente a las instituciones públicas.
La mayor parte del consumo va dirigida a la empresa de la celulosa, y, en menor medida a la fabricación de parquet y tableros de fibras. El futuro de su demanda en toda Europa está asegurado, ya que los únicos paÃses que pueden cultivarlo de forma genérica son España y Portugal.
Algunos grupos de ecologistas afirman que las plantaciones de eucaliptos favorecen la propagación de los incendios, ya que se trata de una especie expansiva. Además, el fuego facilita la germinación de las semillas por lo que se altera la densidad de la plantación, quedando incontrolada.
El fuego es un elemento natural que forma parte de los fenómenos que modelan el paisaje, por eso, gran parte de la vegetación está adaptada a la acción del fuego, con estrategias rebrotadoras o de germinación tras el incendio.
Pero la vegetación no está preparada para la situación actual, que no tiene absolutamente nada que ver con un fenómeno natural.
Las llamas reiteradas provocan una disminución en la capacidad de la vegetación para recolonizar el terreno o tapizar el suelo. Por estos motivos, las especies «más agresivas» son las que sobreviven dejando atrás las autóctonas y convirtiendo el paisaje gallego en un paisaje extranjero.
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