El hecho político y sus categorías: marchas y contramarchas
Por Laura Vizcay. “No se puede comprender lo político como tal, si no se acepta seriamente la exigencia de juzgarlo en términos de bondad o maldad, de justicia o injusticia” (Strauss, L.). Fines del siglo XIX y siglo XX. El avance del capitalismo y la instauración de la sociedad de masas modela una sociedad que cada vez más requiere de la política en búsqueda de consenso. La instauración del Estado de Derecho como así también la extensión de la ciudadanía, producto de luchas sociales, modelan una sociedad nueva. En este trabajo se intentará responder a cómo se pretende resolver la tensión capitalismo/democracia, de acuerdo a perspectivas de la modernidad y de la posmodernidad.
Para abordar el análisis de estas categorías centrales y desde la concepción de la modernidad, en este caso, será necesario tener en cuenta, tanto el concepto de ‘totalidad’ (esa totalidad cuya lógica permite explicar el comportamiento de las partes) como el papel de la historia, ya que como simple devenir o como producción del hacer humano, proporcionaría una particular visión del tiempo, revelando con ello no sólo un pasado y un presente, sino estableciendo el sentido del tiempo futuro, y es allí donde la construcción de una visión del mundo determinaría la difícil tarea de la orientación del ‘orden‘. Y es, precisamente, en torno a esta categoría de orden que habrá de pivotear buena parte de la producción teórica. Orden construido y erigido sobre las tensiones planteadas por la consolidación del modelo capitalista.
En este sentido vemos la perspectiva de Weber quien parte de concebir a lo público y lo privado como una sola esfera. Si bien en apariencia se presentan como escindidos, en lo real son dos caras de una misma moneda ya que ‘lo político’ no deja de ser social. Lo político es la expresión de la lucha por el poder En ese momento, a los datos económicos que ya habían aparecido en otras etapas de la humanidad, se sumó la aparición de una ética, la protestante, que favorecía en el nivel individual el desarrollo de comportamientos acordes con el espíritu de lucro y las relaciones de mercado. De tal modo, la ética protestante (entendiendo a la ética como un sistema de valores y de normas de conducta derivadas) aparece como uno de los factores principales para explicar el origen del capitalismo. Otro aspecto, de igual importancia para Weber y sus seguidores, lo constituye el surgimiento de una nueva sociedad, llamada Sociedad Civil, cuya característica es la división en dos clases (trabajadora y burguesa) que da origen a una expropiación en el espacio público, de los bienes de la administración de quienes lo administran. Este acontecimiento hace surgir una nueva organización política llamada Estado. Según Weber las formas de poder de clase y de estamento no se manifiestan de manera única en sus respectivas especificidades sino que van más allá de ellas. En el planteo de Weber queda claro que la clase determina la dominación de manera contingente. Para Weber la complejidad del capitalismo no puede ser resuelta por la visión del contractualismo individualista ya que resulta insuficiente; la crisis del capitalismo competitivo dio por finalizado ‘el mundo del mercado autorregulado’ y del liberalismo como su principio organizador. La nueva realidad contemporánea de la sociedad de masas y la concentración capitalista requiere de una visión más compleja que integre grupos e instituciones como redes de relaciones. Entre las instituciones de la sociedad civil destacará la función de los partidos políticos, como instituciones racionales, cuyo rol principal será llevar adelante la reproducción de la dominación. Esto requerirá de una profesionalización de la política como así también de los funcionarios; es decir el desarrollo creciente de la burocracia. Esta tendencia llevaría al capitalismo hacia una burocratización (problema señalado por Weber a principios del siglo XX y ratificado por la historia muchas décadas después). Su preocupación será entonces ¿cómo limitar esta tendencia?. Si bien no detalla las soluciones, una de las tareas señaladas es limitar las funciones entre el cuadro administrativo y el Parlamento. Al primero le asigna la administración para la cual requiere de imparcialidad en su ejercicio y profesionalismo en su función. Al segundo, llevar adelante los objetivos políticos, en términos de compromiso de valores y fines. El Parlamento también tendrá el papel de controlar a la burocracia, quitándole a ésta el doble privilegio que marca su capacidad de dominio: el monopolio del conocimiento técnico y el monopolio de la información. La de asignar a la política, como práctica universalizadora, la tarea de reproducir por vía de los partidos la fragmentación de la sociedad civil en el Parlamento. De esta forma el Estado cumpliría con su objetivo: garantizar la reproducción de la dominación . [1]
En el caso de la Posmodernidad, esta etapa histórica es considerada como una nueva crisis de la modernidad y se caracteriza por: -Proceso de despolitización: La política se reduce a lo público. La economía orienta el escenario político; -Debilitamiento de la política como instancia reguladora. Tendencia a crear Sociedades autorregulables (Visión Naturalista); - Crisis de la democracia: se rompe la razón totalizante y su sujeto. Se proponen otras formas de democracia directa como: consulta popular, referendos y plebiscitos
Visión de fragmentación: Reconocimiento de multiplicidad de Discursos: Fin de los metarrelatos. Integración de lo heterogéneo, Estado ausente, pensado como Conjunto de relaciones sociales que establecen cierto orden en un territorio, respaldados por una coerción centralizada y legitimado por el sistema legal. Crisis de representación: Fin de la lucha ideológica. La representación remite más al líder, alrededor del cual se producen los encuadramientos parlamentarios o de referentes políticos, etc. Y en este marco, revisamos la perspectiva Lechneriana: El avance del mercado redefine el significado de la política y la cultura de la imagen ( Ej. la TV) modifica tanto la actividad política como la percepción ciudadana. Este ambiente cultural directamente impactado por el mercado tensiona lo político. Es la conciencia de fin de siglo de unos y el fatalismo resignado de otros el fondo del escenario donde se debe resolver la relación Estado/ Sociedad Civil. ¿Cómo concebir el ordenamiento social cuando nuestro hábitat cultural se está disolviendo en subculturas segmentadas? Emerge un nuevo individualismo y se extiende un cálculo costo-beneficio utilitarista que desconfía de todo compromiso colectivo. La misma ética (vista en Weber) deja de ser una normatividad común para restringirse a la esfera de la conciencia individual Esta razonabilidad con que podemos comprender que los individuos privilegien la propia particularidad, dada la generalidad abstracta del estado y el anonimato uniforme del mercado no hace más que resaltar el desafío pendiente. Dice Lechner: reconstruir-bajo las nuevas condiciones- la integración de las vidas individuales en un orden colectivo. En el fondo falta repensar la categoría misma de sociedad. Este contexto obliga a repensar y rehacer las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales por ello , afirma Lechner es necesario poner en el centro de la escena las siguientes cuestiones: Necesidad de recrear una cultura democrática para así reconstruir un nosotros colectivo
-Volver a otorgarle a la política su centralidad ; -Redefinición del régimen democrático.
SÍNTESIS DE LA PERSPECTIVA DE LA POSMEDERINIDA DESDE LOS INTELECTUALES
Borón, O’Donnell y Lechner para descomprimir el grado de tensión del conflicto en cuestión proponen, respectivamente, metodologías basadas en : repensar la democracia reducida a una gramática del poder y purgada de sus contenidos éticos, en repensar el estado y su relación con la Sociedad Civil, y en repensar y re hacer las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales advertidos de la transformación de los mapas ideológicos y la reestructuración de los mapas coginitivos.Borón, O’Donnell y Lechner para descomprimir el grado de tensión del conflicto en cuestión proponen, respectivamente, metodologías basadas en : repensar la democracia reducida a una gramática del poder y purgada de sus contenidos éticos, en repensar el estado y su relación con la Sociedad Civil, y en repensar y las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales advertidos de la transformación de los mapas ideológicos y la reestructuración de los mapas coginitivos. Borón, O’Donnell y Lechner para descomprimir el grado de tensión del conflicto en cuestión proponen, respectivamente, metodologías basadas en : repensar la democracia reducida a una gramática del poder y purgada de sus contenidos éticos, en repensar el estado y su relación con la Sociedad Civil, y en repensar y las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales advertidos de la transformación de los mapas ideológicos y la reestructuración de los mapas coginitivos. La sociedad tendrá que asumir su responsabilidad política su conocimiento y posicionamiento del hecho político, sus impregnaciones y percepciones complejas que , como dice L. Stauss, impone seriamente la exigencia de juzgarlo en términos de bondad o maldad, de justicia o injusticia” (Strauss, L.).
Borón, O’Donnell y Lechner para descomprimir el grado de tensión del conflicto en cuestión proponen, respectivamente, metodologías basadas en : repensar la democracia reducida a una gramática del poder y purgada de sus contenidos éticos, en repensar el estado y su relación con la Sociedad Civil, y en repensar y las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales advertidos de la transformación de los mapas ideológicos y la reestructuración de los mapas coginitivos. La sociedad tendrá que asumir su responsabilidad política su conocimiento y posicionamiento del hecho político, sus impregnaciones y percepciones complejas que , como dice L. Stauss,
Borón, O’Donnell y Lechner para descomprimir el grado de tensión del conflicto en cuestión proponen, respectivamente, metodologías basadas en : repensar la democracia reducida a una gramática del poder y purgada de sus contenidos éticos, en repensar el estado y su relación con la Sociedad Civil, y en repensar y las relaciones entre procesos económicos, formas políticas y pautas culturales advertidos de la transformación de los mapas ideológicos y la reestructuración de los mapas coginitivos. La sociedad tendrá que asumir su responsabilidad política su conocimiento y posicionamiento del hecho político, sus impregnaciones y percepciones complejas que , como dice L. Stauss,


