Dimensiones del Maestro
El Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI menciona en algunos de sus escrito que es una época en que se tiene muy en cuenta la búsqueda de conocimientos en donde se incitará a cada persona a que aproveche las posibilidades de aprender. Esto significa que esperamos mucho del personal docente, porque de él dependen en gran parte que esta visión se convierta en realidad. Los docentes desempeñan un papel determinante en las actitudes del estudio. Ellos deben despertar la curiosidad, desarrollar la autonomía, fomentar el rigor intelectual y creas las condiciones necesarias para el éxito de la enseñanza formal y la educación permanente.
En este mismo orden encontramos al docente como orientador que acompaña al estudiante en el logro de sus objetivos, es responsable de la gestión logística tanto al interior como al exterior del grupo que orienta, aprovecha y crea situaciones que generen reflexión y por tanto permitan un buen aprendizaje.
La reflexión anterior nos sitúa ante una nueva dimensión del maestro: quiéralo o no, el maestro es un modelo de conducta para sus alumnos, un modelo positivo o negativo, admitido o rechazado, en un aspecto u otro de la vida, pero modelo. Y no lo es principalmente por su palabra o sus acciones, sino por su propio ser personal: “la primera cosa eficaz es el ser del educador, la segunda, lo que él hace; la tercera lo que él dice. El maestro debe tener conciencia de su condición de modelo y, al mismo tiempo, de la natural tendencia -consciente o inconsciente- del niño, del adolescente, y aun del hombre, a la imitación de aquellas personas que consideran como encarnación de algún valor importante en la vida. Al mismo tiempo debe evitar el fomentar una imitación antipedagógica que impidiera al alumno encontrar su propio “ideal personal” y realizarse él mismo como personalidad original y autónoma. El modelo no debe aparecer como un tipo único y perfecto a imitar copiándolo, sino, más bien, como un indicador y orientador para que cada uno encuentre su manera personal de asimilarse a un ideal o arquetipo que supere al educador y al educando
Ello nos lleva a definir que es un orientador: Es una persona capaz de influir, guiar y configurar actitudes, las expectativas y el comportamiento de los demás. La función orientadora de docente genera un puente que comunica ámbitos, agentes y actores de la educación; genera enlace entre el establecimiento y la familia; entre los alumnos y los profesores; entre el alumno y su propia identidad.
Es función del docente como orientador tratar de hacer muy consciente y lúcida la elección a la que el alumno se enfrenta, debe aportarle la máxima información posible acerca del abanico de alternativas donde elegir y proveerle de las capacidades que permitan al alumno tener una elección autónoma y sana.
El papel del docente es orientador y activador del saber, que imparte con respeto y responsabilidad.
Nuestra sociedad tan dinámica, está en medio de un nuevo paradigma educativo, donde el rol docente no es el mismo de otras décadas, nuestros niños han cambiado al igual que sus exigencias, por lo tanto el educador debe evolucionar a la par para adaptarse y estar a la altura del nuevo republicano que se esta formando en la Venezuela de hoy.
Actualmente la sociedad venezolana exige docentes integrales, que vayan más allá de las cuatro paredes de la institución, y trasciendan al hogar, a la comunidad y se involucren, no como un ente, sino como un integrante mas del contexto. Lo que nos forza a dar más de nuestra capacidad para forjar el camino y el futuro de nuestros niños. Un buen docente es recordado toda la vida por sus alumnos, pero hay otros que antes del final de año escolar ya ni existen…..


